martes, abril 15, 2014

ESPERANZA

Ni yo mismo (con lo nervioso que soy) hubiera hecho lo que Esperanza Aguirre. Así que, las cosas como son, no voy a tirar cohetes  por tal motivo. Sin embargo, y por aquello del necesario análisis objetivo del asunto, hay en el suceso una cuestión fenoménica que nos desvela el genotipo de la cuestión: Que un típico agente motorizado, con su aire de oso matón (casi siempre), actitud amenazante y mirada más que severa, manifieste que ha sufrido un ataque de ansiedad es más falso que la última noche de amor que pasé con Mónica Bellucci. A partir de ahí toda declaración proveniente del sufrido agente, cualquier  invitado al espectáculo debería situarla en la inmanencia más común de los camelos más prístinos habidos en la Historia de las Multas en España. 

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