sábado, marzo 27, 2010

Antonio Sevilla gana las elecciones al Decanato del Colegio de Ingenieros de Caminos y Puertos


Antonio Sevilla ganó ayer las elecciones al Decanato del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Murcia y sustituirá a Juan Guillamón al frente del organismo colegiado. Sevilla se impuso al otro candidato en liza, Enrique Maza.

Sevilla ganó con amplitud -187 votos frente a 87 de su contrincante- y colocó la lista completa con la que se presentaba al cargo, con lo que tendrá como vicedecano a Antonio Tomás, y como vocales a Gerardo Cruz, Manuel Jódar, Antonio Martínez, Manuel Riquelme, Gloria Martínez y Salvador García-Ayllón.

Antonio Sevilla y Enrique Maza optan al puesto que deja Juan Guillamón

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M. J. GIL Antonio Sevilla y Enrique Maza optan al puesto de decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos que deja vacante Juan Guillamón después de cuatro mandatos. El plazo de presentación de candidaturas terminó ayer, a las 18.00 horas, con la presentación de las dos listas, en las que se ha integrado la mayor parte de los miembros de la junta rectora que encabeza Guillamón. Unos 470 colegiados de la Región podrán votar en las elecciones convocadas para el próximo 17 de marzo.
Antonio Sevilla, que forma parte de la junta rectora encabezada por Juan Guillamón y es uno de los miembros del equipo más cercano, ha llegado a un acuerdo con otro de los integrantes de la dirección, Antonio Tomás Espín, para presentar una candidatura de integración, en la que Sevilla va como aspirante a decano y Tomás como vicedecano.
Inicialmente, ambos iban a encabezar candidaturas independientes, pero consideraron que la confrontación "era un esfuerzo inútil", dado que "habíamos pertenecido a la misma junta rectora", y optaron por presentar una lista de integración. Antonio Sevilla, que opta al puesto de decano, es profesor de la Escuela de Ingeniería Civil de Cartagena. Antonio Tomás opta al puesto de vicedecano.
Su propósito es "afrontar los cambios que implicará la denominada Ley Ómnibus y la nueva normativa que regula los colegios profesionales, además de ofrecer apoyo a los colegiados, "ahora que vienen tiempos difíciles para los compañeros", según indicó Sevilla.
En la candidatura que encabeza Enrique Maza figura como aspirante a vicedecano Mariano López Dormal. Maza destacó que su lista está formada "por personas jóvenes" y explicó que la mayor parte de los integrantes "tienen entre 32 y 37 años y se presentan con muchas ganas de trabajar".
Los cerca de 470 ingenieros de Caminos colegiados en Murcia están convocados a las urnas el día 17 de marzo, aunque también podrán ejercer el voto electrónico o enviarlo por correo. La mesa electoral proclamará las candidaturas oficialmente el próximo viernes, día 12.

TRAYECTORIA

Dieciocho años en el puesto

Juan Guillamón, que ha estado al frente del Colegio de Ingenieros de Caminos desde 1992, deja el puesto por imperativos de los nuevos estatutos, que han establecido un mandato máximo de ocho años, aunque a partir de ahora seguirá formando parte de la junta de gobierno del Colegio de Ingenieros de España. Recuerda que su principal cometido "ha sido la defensa de los colegiados y la participación en el debate sobre los grandes proyectos de infraestructuras de la Región y, en especial, sobre cuestiones relacionadas con el agua", pero asegura que "siempre he tenido que estar justificando que yo no hago política, sino ciencia". Añadió que el problema de la Región es que "la cuenca del Segura dispone de 400 metros cúbicos por habitante y año, cuando Aragón supera los 4.000" y reiteró que "no he tenido intención de politizar" el debate.

viernes, marzo 26, 2010

MURCIA EN PRIMAVERA, ES UNA FIESTA

Juan Guillamón recibe un homenaje de su Colegio

El ex decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Región de Murcia, Juan Guillamón, recibió ayer un caluroso y afectuoso homenaje de todos los compañeros con los que ha compartido los últimos años al frente del organismo. El acto de reconocimiento estuvo presidido por el consejero de Obras Públicas y Ordenación del Territorio, José Ballesta y por el nuevo decano, Antonio Sevilla. Los asistentes pudieron volver a disfrutar del excelente humor del anterior decano, que dejó muchas 'perlas' y varias anécdotas de su etapa como máximo responsable de la institución.

martes, marzo 23, 2010

Estado de los embalses y pantanos de España

Agua embalsada en España a 23-03-2010
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España - Estado general de los embalses.
Agua embalsada:
44499
hm3
80.58
%
Variacion Sem. Anterior:
142
hm3
0.26
%
Capacidad embalses:
55223
hm3
100
%
Agua embalsada (2009):
32827
hm3
59.44
%
Agua embalsada (Media 10 años):
32732
hm3
59.27
%

lunes, marzo 01, 2010

SI JUAN BENET HUBIERA SIDO PRESIDENTE

Una vez, rescatando un pensamiento de Juan Benet, pasados 25 años, entendí que tendría la obligación de ponerlo en valor pues sus juicios tenían , por desgracia, una consistencia universal fuera de toda duda. Pensé que, dada el actual panorama hidrológico de la España actual, Benet hubiere enunciado lo que enunció exactamente igual de darse el feliz caso de que siguiera en el mundo de los vivos. Así mismo, y a fin de dejar patente mi total identificación por lo dicho en su día, imaginé un artículo (que luego fue publicado por el diario La verdad) en donde se pusiera de manifiesto mi total identidad con el extraordinario 'ingeniero que escribía como los ángeles' para lo cual utilicé, de manera algo imprudente, el título de "SI JUAN BENET Y YO FUÉRAMOS PRESIDENTES". El contenido del artículo fue completado con alguna formulación mía que no ofrecía duda alguna respecto a que fuera asumida por el propio Benet. Fue el caso de que a alguno de sus hijos le produjo una justificada indignación, que yo respeté pues, no siendo desde luego mi intención la de atribuirme los méritos de Benet, sí que debí consultar con ellos lo audaz de mi propuesta. Pasado el tiempo suficiente y con la intención de que pueda verse la grandeza del pensador Benet, publico en este blog lo que hace justamente un año fue publicado en La verdad. Por dos razones. Una, por la calidad que se encierra respeto a lo que dijo (y diría) Juan Benet. Y, dos, porque, en su día, me disculpé ante quien se sintió ofendido y obtuve su disculpa.

Éste es el asunto:

Si fuéramos Presidentes del Gobierno comenzaríamos, él y yo, por desarrollar una descarada política demagógica que nos ganara a favor del pueblo con el que, sin duda, podríamos mantenernos en el poder durante varios decenios, todo ello actuando sin miramientos. Sin duda, cometeríamos algunas interferencias y desatinos -tales como suprimir al defensor del pueblo o incoar el expediente de prohibición de la fiesta nacional- pero nuestro paso por la presidencia se señalaría por el intento -coronado por el éxito- de corregir el desequilibrio hidráulico español de una vez y para varias generaciones. Durante los primeros 3 años -plazo necesitado por los técnicos para redactar con todo detalle el Plan de Obras Hidráulicas, de alcance nacional- nos ocuparíamos de las diversas cuestiones que hoy afectan opinión pública como la revisión de cuantos estatutos de autonomía nos fueran propuestos para distracción eficiente de los ingenuos ciudadanos, procurando siempre alcanzar diferentes resultados; unos muy positivos, otros decididamente decepcionantes; pero a comienzos del cuarto año -y hasta el término de nuestro mandato- se iniciaría la ejecución de ese Plan como consecuencia del cual ni una gota de agua caída en territorio español sería desaprovechada, excepto aquellas que envía la Naturaleza con intención catastrófica y fijando para ello las condiciones técnicas por las cuales determinaríamos sin discusión los distintos caudales ecológicos para todos y cada uno del conjunto cardinal de los ríos, y sus afluentes, que discurren por esta tan plural España. El Agua (y sus riquezas) dejaría de tener propietario y apellido local, regional o autonómico; ni Aragón con su estúpida reserva de 5.500 Hm3, ni Andalucía con su pretendido abrazo integral al Guadalquivir, conservarían estas improcedentes concesiones territoriales.

Varios acueductos atravesarían nuestro país de norte a sur y de este a oeste, llevando aquí y allá riqueza y prosperidad, al arrullo de la corriente. En el entretanto -¿porqué no?- no tendríamos ningún inconveniente en permitir ciertos abusos y alguna iniquidad, como el abandono de la cultura y el ecologismo a su suerte; no nos preocuparía descuidar muchos problemas de gobierno, como dejar caer en el olvido a Europa o el fútbol (y en su caso, a sus cronistas), hasta el punto de poner la presidencia en peligro y a la cual no vacilaríamos en renunciar si con eso se pudiera alcanzar el objetivo supremo de la política hidráulica y su desideratum: la dotación razonable de agua a todos los españoles, ordenada en el tiempo y en el espacio, independientemente del clima y del territorio, porque las aguas, superficiales y subterráneas, corrientes o estáticas, constituyen un bien público y su aprovechamiento debe estar subordinado al interés general y no sujeto al capricho coyuntural de políticos y territorios. Durante nuestro ejercicio como presidentes del gobierno estaríamos, en fin, obligados a garantizar que todo español disponga de agua en la cantidad y calidad precisa.

Volveríamos a recuperar el trasvase del Ebro, como garantía futura a posteriores trasvases, equilibrados, sostenibles y económicamente baratos en cuanto al consumo energético frente a otros procedimientos hidráulicos que remitiríamos a situaciones de corte más heroico. Los dos, una vez presidentes, determinaríamos las claves precisas para corregir los desmanes de la Naturaleza, al tiempo que haríamos votos por ser su mejor aliado, en el buen seguro de que los ciudadanos estarían dispuestos a votarnos sucesivamente si de inundaciones y sequías fuéramos capaces de librarlos, al tiempo que todo grifo abierto les diera la satisfacción requerida. Iríamos –quizá de rodillas, si así se nos fuera impuesto- en procesión y rogativa hasta Luciana, en la provincia de Ciudad Real, y luego a Orellana, en la de Badajoz, donde el Guadiana traza una curiosa aproximación al Tajo, una cintura única en toda la geografía peninsular, un mínimo minimorum entre las distancias que separan las vías fluviales de primera magnitud de nuestro territorio y que no insinúa, sino define, la traza de la más corta comunicación entre las cuencas primarias. Sí porque el Tajo, una vez fortalecido por el Tiétar y el Alberche, sería el perfecto dador de agua a las tierras sedientas del sur español.

Y para rematar nuestra acción de gobierno de una forma brillante, Juan Benet y yo, divulgaríamos un documento ejemplar en el que se daría cuenta a todos los españoles del volumen total de agua que, en la actualidad, precisan todos los campos de golf en España. Siendo esta cantidad no superior a los 100 Hm3; esto es, el uno por mil de la escorrentía total peninsular (ó el 0,20% de la capacidad de regulación existente en España).

Todo eso haríamos, si fuéramos presidentes.

EL ALTOZANO QUE MOLESTA A MAZÓN.


Decir estupideces, al menos para mí, no es exactamente cuestión de estúpidos. Del estúpido integral no puede esperarse nada más allá de una coherente y continuada concreción de manifestaciones cortas de entendimiento y escasas de razón. Fuera de esa coherencia hay quien ocasionalmente desvaría, siendo este desvarío objeto de examen y calificación otorgada en función de la gravedad o potencia del mismo. Así tenemos el caso de la estupidez, creo que ocasional, que deviene de determinada intención del muy reputado abogado Mazón de quien puede afirmarse, entre otras cuestiones, que carece del ya casi extinguido sentido común; ese que deviene de la interpretación oportuna de los asuntos que a muchos incumben y que, por eso de expresar las consideraciones en términos jurídicos, tiene relación directa con el efecto producido. Así, por ejemplo, si de la interpretación estricta de cuestiones jurídicas (y observadas con la lupa que hace grande a la letra pequeña) se derivan consecuencias peores para las personas que si se diera el caso de no haber tomado iniciativa alguna en tal asunto, secundario y de escasa importancia en caso resolutivo, podemos llegar a la conclusión de que a esa iniciativa más le valiera haberse quedado en el fondo de la conciencia estricta de quien apreció erróneamente la grandeza de tan inútil contemplación de la Ley. Estamos, de reojo y sin necesidad de hincarnos de rodillas frente al Cristo de Monteagudo, ante una auténtica estupidez. Estupidez pasajera, no exactamente propia de los estúpidos integrales, ya digo, pero si cercana a quien, sin saberlo, nos convierte a los observadores en algo así como necios, majaderos y modorros, si fuera el caso de que diéramos crédito a tan insólita iniciativa que tiene por fin eliminar el Cristo. Hay quien pensará que la historia de Mazón da pie a la obtención de cierto crédito jurídico, de fama valiosa en el ejercicio de la abogacía, mas yo pienso que es todo lo contrario: a un señor de estas características jamás le encargaría siquiera la defensa de mi perro frente a un caracol, lento y pausado, que osara salir de la sartén, una vez cocinado. Nada de esto.

Pese a todo lo anterior puede el lector darse cuenta de que he llevado el asunto por los derrotes de la objetividad, pero es bien sabido que en asuntos de esta tan original enjundia se hace necesario invocar el espíritu que enciende lo más encomiable de nuestra subjetividad, dando paso así al malhadado ‘juicio de valor’ que tanto apasiona al español. Me irrita el estilo injusto y desarbolado que portan señores como Mazón. Estilo que establece una cierta antelación propedéutica muy acorde con la intención del declarante. Así, la justificación para esta caricaturesca iniciativa es hacer ver la intolerancia y la radicalidad de los católicos; la decadente oscuridad de los cristianos, para lo cual se retrotrae hasta Hypatia (¿), víctima -sin duda- de errores en la interpretación religiosa, si bien no creo recomendable que para la definición del calibre de tal personaje sea ideal tener en cuenta el criterio de Abenámar pues (¡seguro, lector!) existen exégetas más acreditados en este asunto. Se queda corto Mazón con la referencia a Hypatia: siglos después, habría ejemplos mejores para justificar su antipática iniciativa: las Santas Cruzadas (¿) y cosas por el estilo pero que ya están muy superadas. Hoy, la Iglesia nada tiene que ver con asuntos acaecidos hace más de 800 años. Es otra cosa y desde luego dogmatizar que la práctica de la religión es la causa que provoca el oscurantismo de la razón, y por ello obligarse a eliminar el Cristo del altozano de Monteagudo sólo tiene que ver con la estupidez. Siendo así las cosas, y amparándome en lo dispuesto en la leyes (con tal de buscar someramente una vía adecuada) propongo una campaña, legal, objetiva y popular, para que, en el caso de que nuestro intrépido Mazón lograra sus fines, la sustitución de tal efigie perturbadora pudiera ser sustituida por otra que represente a determinada e inmanente figura -en absoluto provocadora- y cuyos brazos caídos reflejaran fielmente el mensaje honesto que llegaría al viandante de modo que éste tomara en su espíritu el inequívoco signo unitario de la lucha contra la injusticia, percibiera el rumor etéreo del canto al amor y el perdón, al tiempo que subsistiera dentro de él la seguridad de estar por siempre enfrentado a la injusticia y a las torpes iniciativas que provocan, porque sí, el rechazo (digamos que) unánime de la generalidad de los hombres. De todos, creyentes y gentiles. Mazón, Mazón, ¡que no has estado muy acertado! JUAN GUILLAMÓN. Febrero, 2010

Estado de los embalses 14-11-2017

Jamás hube considerado que una asíntota horizontal tan tremenda hubiese sido posible. Ya se sabe porqué en teoría de curvas, para que exi...