sábado, febrero 15, 2014

DISCIPLINA

La legalidad y el sentido de responsabilidad tienen sus discrecionales aristas. Y, a veces, entran en resonancia. Un diputado es dueño de sus propias decisiones (legalidad) aunque su escaño se deba  –ciento por ciento- al partido que lo admitió en su lista (responsabilidad). Se vota al partido, no a la persona, y eso ha de tenerse en cuenta. Quebrar la disciplina del voto es legal (por aquello de la conciencia) pero su resultado ético no debiera ser otro que el abandono –con carácter inmediato- del escaño que, por mor del partido, el quebrantador ocupa. Lo contrario es una estafa ética (¿moral?). Se puede disentir, pero actuando en consecuencia. Mi experiencia personal demuestra que entre el respeto a mi conciencia y el sometimiento a la disciplina política siempre hubo un punto en común, una salida.

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