Y, en el camino, quedan algunos.
Grecia y sus dos rescates han convertido el país en una miseria. Lástima de
Grecia, de los griegos y su cultura milenaria. Los rescates son el colofón
doloroso de la miseria crediticia que ocasionó el dinero y la corrupción.
España bordeó la tragedia (imaginan doscientos mil funcionarios en la calle)
pero, parece, que hemos regateado la circunstancia. Ah, a Portugal e Irlanda
–que también cayeron- las cosas no les ha ido tan mal pero el sufrimiento ha
sido muy cruel. Maldito Crédito que nos volvió locos a todos y que surgió como
demoledor maremoto allá por julio de 2007. Hoy, por hoy, está controlado. Que
cada cual atribuya el mérito de su control a quien corresponda, pero quien dejó
las arcas del Estado vacías, en su momento,
no fue una política destacable. Ni mucho menos.
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