Si
casi todo es cíclico, no sé si la Economía goza de tal condición pero es de
esperar que sea como las ondas que disponen máximos y mínimos equidistantes de una
posición de equilibrio a la que ojalá volvamos a tiempo. Con el Agua, recién
finalizado el año hidrológico, lo mismo. Las cosas del mundo son expresión
directa de los modos de Dios, quien se organiza pluviométricamente mediante un
proceso aleatorio, sometido a las leyes de azar pero que puede ser controlado
por los ingenieros hidráulicos que con sabiduría aplican el Cálculo de Probabilidades.
Claro que este control, empírico, tan sólo se refiere al modo en que las cosas
se "produjeron". Pero la magia ingenieril es capaz de convertir la
incertidumbre en dato. Que así sea el futuro.
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