lunes, mayo 23, 2011

Sin morir de éxito

Si es cierto, tal y como dijo Edison, que las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por las que tienen éxito, los Valcárcel, Cámara, Barreiro y compañía van a pasar a la historia de la Región, si no lo han hecho ya, por el 'atracón' de triunfos que lleva el Partido Popular desde que se hiciera con el poder en la Comunidad Autónoma y en feudos trascendentales como Murcia, o Cartagena allá por 1995. Dieciséis años de victorias y de mayos con los puños en alto que, pese a todo, no han provocado ni una mínima pérdida de la ilusión entre las filas populares. Ni mucho menos. Cada nuevo éxito parece el primero. Al menos, en la fiesta que la familia 'popular' celebra en el hotel Silken Siete Coronas, en el corazón de la capital, donde hace tiempo que las gaviotas vuelan alto. Pese a todo, el mensaje del 'jefe' cala hondo y se repite un año tras otro: «No podemos morir de éxito». Lección aprendida a pies juntillas.
A medida que las encuestas a pie de urna iban arrojando los primeros datos, los dirigentes populares que se dejaban ver por los pasillos sonreían cada vez con menos pudor. Pero la prudencia era la tónica predominante. La primera comparecencia, a eso de las nueve de la noche, fue la del portavoz del Partido Popular de la Región de Murcia, José Antonio Ruiz Vivo. Ni una palabra -y ni una sonrisa- más alta que otra. Ruiz Vivo agradeció a los ciudadanos su participación en las elecciones e hizo una mención especial a los lorquinos y a su «lección de ciudadanía». Al portavoz popular no le costaba ningún esfuerzo ocultar la moderada satisfacción que le había producido escuchar minutos antes a la portavoz del Comité Electoral del PSOE, Elena Valenciano, decir en la televisión que esa noche «no iba a ser una buena noche para el partido socialista». Ruiz Vivo ya sabía que la noche iba a ser del Partido Popular.
La espera se hizo más larga de lo normal. Al menos, para la treintena de periodistas que aguardó en uno de los salones del Siete Coronas a las pertinentes palabras de los protagonistas y a que el escrutinio fuera acercándose a la madurez. A la confirmación definitiva de la aplastante victoria del Partido Popular. En la sala de enfrente, la familia de la gaviota se cogía de la mano mientras el porcentaje de votos se hacía cada vez más grande y esos 33 diputados en la Asamblea no bajaban. Mientras los pueblos de la Región se iban tiñendo de azul y el rojo iba haciéndose prácticamente imperceptible. A algunos les costó creérselo, pero poco tiempo.
Con un porcentaje de votos escrutado cercano al 20%, Juan Carlos Ruiz salió de la 'trinchera' para atender a los medios y aseguró a 'La Verdad' que «los únicos gritos de alegría o felicidad que se han escuchado ahí dentro han sido provocados por los goles del Real Murcia» -que ayer jugó contra el Lugo el playoff de ascenso a Segunda-. En plena conversación, llega una periodista del partido, le informa de que el PP ha ganado en Moratalla y Ruiz suelta un «¡toma!» lleno de contención, con el puño cerrado. Sereno, pero feliz, satisfecho. Y sigue: «El apoyo que nos demuestran los ciudadanos alimenta nuestra lucha para trabajar y para seguir con los pies en el suelo. Como dice Ramón Luis: No nos vamos a morir de éxito». Sí, a pies juntillas.
«Hemos arrasado»
La moderación de muchos dirigentes populares con los que habló este periódico contrastaba con la alegría desbordada de muchos jóvenes, de muchos afiliados y simpatizantes anónimos que llegaban al hotel casi con las manos en la cabeza, con la boca abierta y dándose abrazos con compañeros y amigos celebrando una victoria rotunda, «aplastante», decía uno. «Hemos arrasado, chaval», le respondía el otro. Mientras el secretario general del partido y alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, hablaba en la sala habilitada para los medios de comunicación de «una noche de satisfacción y victoria», con una sonrisa en los labios y el 'chip' de contención en modo activo, en la cafetería del hotel ya corría algún que otro 'gin tonic'. Brindis y 'enhorabuenas' por aquí y por allá cuando el reloj se acercaba a las once de la noche y el escrutinio empezaba a dejar a cada partido en el lugar elegido por los ciudadanos. Joaquín Bascuñana se mostraba «muy contento», mientras sus compañeros de Consejo de Gobierno Salvador Marín y Constantino Sotoca, tomando el aire en el exterior -donde se apreciaba algún que otro puro- , no daban excesivas muestras de entusiasmo, aunque la procesión siempre va por dentro. Sotoca lo justificaba: «Hoy vamos a tener poca fiesta. Al menos yo. Mañana toca trabajar temprano». Más expresivo estaba Juan Guillamón, uno de los nuevos diputados, que saludaba a propios y extraños en el 'hall' del hotel. «Yo me conformaba con los 30 diputados que nos daban los dos senadores, pero éstos están muy bien. Está claro que España ha suspendido a Zapatero». A su lado, su futuro compañero de escaño, Vicente Martínez Pujalte entremezclaba el sentimiento de felicidad «con el de responsabilidad. Esta avalancha de confianza depositada por los ciudadanos supone que debemos tomarnos las cosas muy en serio».
Valcárcel, «orgulloso»
El 'jefe', Ramón Luis Valcárcel, empezó su discurso diciendo que «hoy me siento más orgulloso que nunca de ser murciano y agradezco a los murcianos que hayan renovado su confianza en el PP. Cuando un partido hace políticas orientadas a las personas, éstas responden». Pese a todo, Valcárcel no abandonó la senda del discurso del partido y dijo que los resultados hacen que el PP «redoble su compromiso porque quedan todavía tiempos difíciles».
La sensación de que los resultados electorales se podían ver afectados por un final de legislatura difícil y una campaña electoral trastocada por el movimiento 15M causaron, si cabe, mayor satisfacción por la victoria del PP en las elecciones municipales y autonómicas. Sin embargo, la lección de Valcárcel sobre el éxito y el sentimiento de «responsabilidad» que invadió al partido aplacó las ganas de fiesta en el 'peldaño superior' de la formación. Lo definió a la perfección el consejero de Obras Públicas, José Ballesta: «Hay que responder a la altura de la confianza otorgada, y mañana -por hoy es lunes- no hay mucho tiempo para fiestas. Toca trabajar». Manos a la obra.
La verdad

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