lunes, febrero 16, 2009

¡NO!


En el borde del precipicio –en eso estamos- sólo hay una manera de seguir adelante: dar un paso atrás. Y eso es lo que hay que hacer, según mi modesta opinión, con el excesivamente discutido  asunto del Trasvase del Tajo. Hemos conseguido que la palabra trasvase se convierta en el estuche de una verdadera propuesta salvaje, de forma que pronunciar tal vocablo merece ser enviado a las barricadas de la intransigencia. Lástima que lo que en principio fue una cierta invasión perturbadora de la acción política en el asunto hídrico, hoy se haya convertido precisamente en un ectoplasma que todo lo invade: ¡el agua es sólo política¡ Semejante dislate produce horror intelectual. Jamás pude pensar que la intención del gobierno manchego respecto a la anulación del Trasvase del Tajo pudiera encontrar eco en lo profundo del sentido unitario de nuestros políticos. Como es el caso de que así ha sido, no tengo por menos que expresar mi juicio, sereno, respecto a lo que pienso de unos y de otros: pérfidos los del Gobierno e incautos los de la Oposición.

            La perfidia procede de quien fue ministra del ramo, Cristina Narbona (y su punible eliminación del Trasvase del Ebro), cuya acción de gobierno ha originado una situación abismal sin salida de la que no es posible salir si no es dando un paso atrás, sin rastro de ella, ni de Baltanás, Palop, Arrojo y ecologistas desalmados varios. Cosa difícil a lo que se ve porque unos y otros, gobernantes y opositores, andan empeñados en desmontar todo el trabajo realizado en España (a lo largo de casi cien años) que hizo de la Hidráulica el elemento esencial de la buena ordenación del territorio. E incautos, porque a nadie se le ocurre (dando por supuesto que -por desgracia- el asunto del Agua es plenamente político) elegir como Secretaria General del PP a quien es parte interesada en la labor de trocear España bajo intereses meramente territoriales. Me refiero a la Sra. Cospedal, cuya intención primera es obtener los votos necesarios en Castilla (la Nueva) utilizando el señuelo falso de que el Levante ‘roba’ el agua que ‘necesitan’ los manchegos. Error de calibre exagerado pues siendo que el PP defiende su decoro electoral precisamente en tierras levantinas, ¿cómo es posible que el mando de ese petardo de oposición se le encomiende a quien precisamente va a en contra de sus intereses? Es cosa de merluzos y sólo puede llevar a una situación en que los votos mediterráneos se lo piensen la próxima vez a la hora de determinar a quien votar. Tal disparate se aproxima mucho al que el PSOE viene cometiendo, en Murcia y Valencia, por doblegarse a las exigencias de la centralidad de su partido. Un partido de intenciones perversas para la pluralidad España a la que destroza en función de utilizar intereses territoriales para asegurarse un futuro electoral venturoso. Un partido, cuyo presidente, Zapatero, insiste en expresar -¡sin vergüenza alguna!- que, bajo el gobierno del partido socialista, en todas las comunidades autónomas que integran el territorio nacional se supera la media de bienestar nacional, dándose el caso curioso e imposible (bajo el punto de vista matemático) de que ese Presidente (infausto) sitúa la media de España por debajo de cualquier comunidad autónoma.

            Lo que bajo el punto de vista matemático es imposible, la política puede lograrlo.

            Habida cuenta de que la pasión y el odio territorial se han impuesto sobre la razón y el cálculo, no queda otro remedio que olvidarse de la barricada política de cada cual y expresar con rotundidad lo que es obligatorio para todos los diputados -a la izquierda y a la derecha- de corte mediterráneo y que no es otra cosa que decir ¡no!, para que de esta manera quede en evidencia que lo que sucede en España es una guerra territorial, exclusivamente. Y no falta de cohesión y ausencia de respeto a la disciplina de los partidos pues estos, de manera flagrante, han vulnerado profundamente la Constitución, olvidando que España es unitaria, que todo es un trasvase y por tanto que los votos son expresión de justicia.

            En resumen, al carajo la disciplina de voto: No.

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Una verdadera carrera hacia el desastre hidrológico.