domingo, septiembre 28, 2008

ALGO ASÍ COMO EL 0,0009%




Siempre he tenido por cierto que algunos científicos, al tiempo que expresan su doctrina, muestran su plumero por cuanto lo que parece que hacen es política. Como pienso que hacer uso de la ideología supone una cierta estafa (pequeña) al proceso científico pues no me queda otro remedio que hacer patente mis reservas. Pero resulta que en algún caso no procede tal denuncia dado que el científico hace un reconocimiento expreso de su punto de vista político en relación al meollo de su comentario. Así sucede con Costa Morata, habitual columnista de este periódico, quien haciendo uso de su bagaje ideológico descalifica a quienes plantean determinado punto de vista científico en torno al problema nuclear. Además, (en esto es un consumado maestro) utiliza los elementos clásicos que necesita un debate del todo radical: prefabricar a su propia medida el enemigo a combatir, no ya científicamente sino bajo el despotismo de lo ideológico. Las características son muy clásicas, ya digo: lobby, grupo inmoral llevado exclusivamente por intereses económicos etc. La descalificación en este caso corresponde al catedrático Antonio Elorza a quien niega su alegato científico en materia nuclear, lo que nos lleva a la conclusión de que Costa Morata más que divulgador es un inmovilista anclado en el pasado y cuya falta de visión, reprimida por su ideología, sin duda, le impide ser un interesante divulgador, al tiempo que se constituye en excelente activista. Mucho más interesante para la sociedad sería que este activista-divulgador científico renunciara a expresarse en términos de negocio, privilegios, potentes adversarios etc., así como a referencias al pasado con concomitancias trasnochadas que citan hasta al caudillo de España en medio de algaradas exigidas por un sector montaraz que supuestamente se pasa por el forro de la entrepierna la revuelta antinuclear de 1974-75, olvidando fundamentos tecnológicos, morales y económicos y políticos que en definitiva constituyen, según él, un conjunto algo más que científico, es decir, un conglomerado político de raíz ideológica mediante el cual cabe interpretar como complejas, carísimas, ineficientes y peligrosas las centrales nucleares, pues el pensamiento de este divulgador supura (él lo dice) política y más política. Muestro mi asombro ante referencias tan dramáticas a Hiroshima o Nagashaki, lejos ya en el recuerdo, y lo que pueda suponer como asunto vergonzante para la Humanidad. Tampoco soy capaz de sacar enseñanzas positivas de sus referencias a Chernóbil, cuya tragedia, en definitiva, tuvo su fundamento en un par de cuestiones que no merecen olvidarse: sucedió en un país carente de democracia y con una tecnología que nada tiene que ver con la generación actual de reactores atómicos. Estamos en el siglo XXI.

Es una pena que este reputado divulgador científico recurra a conceptos argumentados hace casi 30 años, como es el caso citado de Robert Jungk (1979), para justificar algunas de sus conclusiones. Bien mirado, lo que hace falta en estos momentos trágicos en donde la energía es casi nuestro principal problema, (a fin de cuentas, todo se reduce al consumo de los jodidos kwh.) es dar cuenta de las condiciones de seguridad que la energía de origen nuclear puede ofrecer. No es lo mismo una descalificación inicial de este tipo de energía que discutir acerca de la seguridad en su empleo. Llegado el caso, la falta de garantías en un proceso nuclear moderno y de última generación debería hacer inviable la implementación de este sistema. En caso contrario, no. Y para enarbolar banderas de carácter político que impidan el avistamiento de un horizonte posible ante la que se nos avecina y que no es otra cosa que un aumento extraordinario en el consumo energético mundial (donde China y la India, con intensidades energéticas 6 veces menor que la que tenemos en España, ya están presionando el mapa energético) lo mejor es que tal activismo quede recluido por improcedente, dando paso a estudios que identifiquen nuevas fuentes energéticas en donde la de procedencia nuclear, nadie lo dude, figura en cabeza de las más sostenibles.

Termino, en términos científicos y dando de lado a cualquier criterio basado en cualesquiera ideología. La Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (AIMPGN) ha realizado un cálculo en función de la probabilidad que seguiría un suceso de catástrofe nuclear y, mediante una serie de cálculos, tal probabilidad de que ocurriera un accidente en Europa (igual que en Chernobyl) sería en la actualidad de 0,0009%. Vaya. Es esto lo que debe citarse para mejor entendimiento de una sociedad mal informada. Y a partir de ahí, con información fiable, ‘cada mochuelo a su olivo’. Por último, no olvidemos que hoy en nuestra España plural existen 1.900 instalaciones nucleares, con sus correspondientes residuos y cuyo tratamiento está seriamente estudiado por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Sin ellas, nuestra Sanidad estaría en precario. Por eso recomiendo al sufrido lector que tome por más eficientes los postulados científicos de Antonio Elorza que los supuestos alarmantes que se desprenden del forro político de Costa Morata, dicho esto con el mayor respeto a losintransigentes político-divulgadores.

Nota bene.- Me subleva que los que son pocos hablen como si fueran muchos; mientras que los que son muchos callan, como si fueran pocos.JUAN GUILLAMÓN, Septiembre 2008

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