Guillamón Sostenible

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Lo que no está rodeado de incertidumbre, ¡no puede ser verdad! Richard Feymann.

sábado, junio 28, 2008

LUÍS CASADO TIENE UNA VENTANA




Si para ir al trabajo, si para comprar, ir al cine, al fútbol y teatro, tengo que coger el coche; si para llevar hijos y nietos al colegio, si para ir al médico, no puedo ir andando, entonces mi ciudad no es saludable. Pero, la ciudad, sin embargo, es posible. Sí, porque ir hasta el número tal (y cual) de la calle Villa de Marín, es gratificante. Allí, hay, entre todos los cuartos de baño, uno especial, cuya visita compensa el agobio provinciano –periférico de la periferia de Europa- a que se ve sometido uno tras el ataque de autobuses, metros y taxis. El tal cuarto de baño pertenece al piso cuya propiedad corresponde a Luís Casado. Muy buen aseo y genial la ventana, desde donde se divisan las cuatro torres de imponente presencia en Madrid. Las torres dan pie a que el ciudadano, y no solo el periférico, quede admirado ante la ciencia y el arte. Ciencia escrutadora de los secretos de los materiales empleados para un diseño tan espectacular, y arte en eso, en el diseño.
De vueltas por Madrid, no dejaré de visitar el cuarto de baño de Villa de Marín, y asomado, de codos sobre el alféizar de su ventana, poder admirar el arte y ciencia de las cuatro torres. Siempre con la autorización inteligente, inmadura y ligeramente enajenada en la cordura de Luís Casado, ése que se plantó en el mundo justo cuando el mundo se pasmó ante mí.

1 comentario:

Javier R. dijo...

Hola Juan, Que curiosas coincidencias tiene este mundo. Mundo al que algunos llaman pañuelo. Aunque el pañuelo no debe ser tan pequeño cuando cabemos tantos, no?
Unos se conforman con ver desde la ventana del cuarto de baño los secretos del arte y la ciencia, quizás para olvidar, efectivamente, que no es saludable Madrid.
Otros, ya nos hemos cansado de pensar que podemos conformarnos mirando la ventana para ver como crecen las torres, mientras nos perdemos ver crecer a nuestros hijos cuando estamos inmersos en el caos circulatorio que alimenta la capital.
Por eso, después de más de diez años, cambié ese espectáculo por otro más bonito y ahora vuelvo a ver esa torre menos moderna pero que no cabe en ninguna comparación. La torre que se alza desde la plaza del Cardenal Belluga.
Y volviendo a lo del pañuelo, en esos diez años pude conocer a nuestro amigo Luís, gran tipo. Siempre que hablamos de Murcia, Luís se enorgullece de vuestra amistad. Algún día podremos comentarlo.