martes, julio 17, 2007

HACE VEINTICINCO AÑOS









Soy lector empedernido de las efemérides que se publican en los distintos periódicos. En particular, y como no puede ser de otro modo, me fijo especialmente en la sección de este periódico, en concreto me interesa la sección “La verdad, hace 25 años”. Tengo el convencimiento de que esto es un ejercicio de corte masoquista pues, al observar la respectiva noticia diaria, no puedo controlar el sentimiento que me conmueve: “para mí, que esto fue ayer”. Para un tipo como yo que padece una avanzada edad y comienza a ser herido por la vejez, 25 años no es nada (ni con la mirada febril). Y ya sé que para cualquier jovenzuelo 25 años puede ser… toda una vida. El pasado diecisiete de los corrientes, la efemérides del día hacía referencia al comienzo inminente de una de las obras hidráulicas de mayor consideración e importancia para la cuenca del Segura: “Un túnel unirá el Talave con el Cenajo”. Se hablaba de dieciséis kilómetros de longitud con el propósito de habilitar el pantano del Cenajo como regulador hidráulico capaz de almacenar 250 hm³ de aguas procedentes del Tajo, casi la mitad de su capacidad reguladora. La verdad, se dice, ha tenido acceso al proyecto y concluye con que las obras habrán de iniciarse en el año 83. En efecto, en mayo de 1981 se autoriza por la autoridad correspondiente la redacción del proyecto, siendo éste redactado y felizmente culminado en mayo de 1982. Lo más interesante de este asunto es que sometido el proyecto a la preceptiva Información Pública no fue presentada alegación alguna a sus contenidos. En 1983, en los Presupuestos Generales del Estado se hubo previsto, aun, la preceptiva anualidad. El objeto del proyecto era poder trasladar el agua de un pantano a otro a través de una tubería de radio 5,50 metros que con una pendiente de cuatro diezmilésimas produciría un caudal unitario de 40 m3/s.

Eso fue ayer, hace 25 años.

Hoy las cosas son diferentes. Probablemente Bono todavía no había llegado a la conclusión de que para obtener la gloria política a la que aspiraba debería inventarse algún tipo de cruzada o de campo guerrero en donde el Agua tendría un protagonismo. Este señor, cuyo rostro político presenta durezas mayores que la del corindón, por no mencionar el diamante, encontró en el trasvase del Tajo el sitio donde depositar sus posibilidades de éxito. Este trabajo, el suyo, ha sido un conjunto de pésimas determinaciones cuya conclusión final es que en España, todos, estamos en pie de guerra. Jamás le importó a Bono reparar en las consecuencias negativas que su imparable ascensión política, popular, dicharachera, fantasmal y demagógica, pudiera provocar. Si alguna vez algún político, en los prolegómenos de algún acto oficial, por ejemplo el homenaje público a determinadas víctimas de algún atentado u accidente de carácter más allá de lo meramente privado, preparase dicho acto pendiente de las cuestiones accesorias -carentes de toda relación con el fondo de la cuestión- que tienen por objeto dar la mejor imagen posible ante los medios y el público en General, ese político con toda probabilidad sería José Bono (¡aaajjj!). Pendiente de sí mismo, de su imagen, de su futuro, este socialista de corte jesuítico, ayer laboralista próximo a Tierno Galván quien fue su punto de arranque, no reparó, hace 25 años, en que la Información Pública referida a Talave y Cenajo podría haberle proporcionado pretéritamente muchos éxitos políticos de haber organizado un tinglado para que se hubieran presentado las suficientes alegaciones al proyecto. No fue así, pero ello no fue obstáculo para que la bandera esgrimida para mantener fieles a sus votantes fuera exactamente la gran mentira y descarada patraña de que “los murcianos nos quieren robar el agua e impedir que los manchegos tengamos el nivel de vida que nos merecemos”. Más tarde, José Bono fue ministro, no sin antes machacar sin piedad a su antecesor en el ministerio, sin importarle que una cosa es la responsabilidad adquirida y otra la culpabilidad de unos hechos lamentables. En su particular mundo escénico imaginado, se sintió agredido por dos militantes del partido contrario, hincó la rodilla ante el Arzobispo, se enfrentó a Borrell por cuestiones de trazado carretero, y a Felipe González lo sujetó en un campo de tiro, allá por Cabañeros. Fue partidario del trasvase del Ebro, sólo para vender a sus paisanos que iniciaba la supresión del correspondiente al Tajo. Y, en fin, preparó su salida de la política aduciendo cuestiones personales poco antes de producirse un arrepentimiento repentino que le hará volver al mundo político.

José Bono es el más grande promotor de la guerra del agua en España. Ya fuera (por el momento) de la cosa política manchega, la conexión entre el Talave y el Tajo, casi 25 años después, está en marcha. Con dos diferencias sustanciales respecto a lo proyectado en 1982. Una, la tubería ya no es de 5,50 metros de radio, sino de 3,50. Y otra, el caudal circulante, lejos de los 40 m³/s, ha quedado reducido a 10 m³/s. Todo ello como consecuencia de las peticiones manchegas.

Al cabo de 25 años podemos decir aquello de que “de la misa, la mitad, y de esta mitad, también la mitad”. O sea, un cuarto”.

Juan Guillamón.
La verdad, julio 07

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