miércoles, abril 18, 2007

OTRAS PEQUEÑAS MEDIDAS

(Empresa y finanzas, 13/04/07)
El pasado 29 de marzo aparece en el Heraldo de Aragón un titular del siguiente tenor: El PSOE vota en contra del trasvase del Ebro a Murcia. Y precisa la noticia que " el PSOE dio ayer la sorpresa en la Asamblea Regional de Murcia al votar en contra de un dictamen de la Comisión del Pacto del Agua en el que se establecía la necesidad de aportar nuevos recursos de otras cuencas para remediar el déficit de la región de Murcia, en sintonía con lo previsto en el PHN y tomando como punto de partida el trasvase del Ebro". Es de suponer la enorme satisfacción que en tierras aragonesas habrá producido esta cuestión, ya que el aragonés, alentado por falsas y torcidas arengas políticas (y no importando para nada su credo ideológico), tiene el convencimiento de que ese trasvase constituye un atentado, en toda la regla, a cualquier proceso de desarrollo aragonés. Claro que -si bajo el punto de vista político hemos de aceptar todo tipo de marrullerías sectarias- lo verdaderamente inaceptable, por la gravedad que encierra, es que profesores, catedráticos, técnicos cualificados y expertos en la materia, sean capaces de emitir juicios imprudentes tales como los que en su día expresó el catedrático de Administrativo, A. Embid, en relación con su punto de vista acerca del PHN del 2001: "propongo que la ley del PHN cambie su nombre por el de Ley de Regulación del Trasvase del Ebro y otras pequeñas medidas”, lo que, fuera de lo gracioso de la traslación, no deja de ser una solemne frivolidad por cuanto el PHN era un formidable compendio de todas las vicisitudes hidrológicas de España, con sus análisis y sus valoraciones hechas por técnicos competentes, no precisamente alumbrados a la ciencia por militancias políticas ni regionales que es lo que pasa ahora. Mayor daño produce un chascarrillo como el anterior que arengas políticas del tipo "nos quieren robar el agua". Pero, por desgracia, esto es lo que hay.

Ser diputado regional es un honor que muy pocos pueden alcanzar, sin duda por la trascendencia de su actividad, trabajo y afán de servicio, de la que han de obtenerse beneficios para la mejora de las condiciones que aprecia como buenas el conjunto de la ciudadanía. Lástima que por encima del diálogo y el debate basados en la interpretación adecuada de las condiciones de contorno que delimitan los problemas, esté -siempre y por siempre- el interés político que a unos les hace utilizar cualquier medio a su alcance para mantener su estatus de poder, mientras que a otros no les alienta otra idea que la de derrocar a esos unos. Y a cualquier precio. El pasado 3 de noviembre la Asamblea Regional toma el acuerdo de establecer un Pacto del Agua, suscrito por todos los grupos parlamentarios, al objeto de perfilar un documento que aúne los esfuerzos de todos para combatir el déficit estructural del Agua en la región. La idea no es mala porque, entre otras razones, las distintas formaciones políticas pertenecientes a los territorios comprendidos en cuencas "cedentes" y "receptoras" han hecho causa común para defender sus intereses políticos en materia hidráulica. Durante casi cinco meses, 28 expertos (o mejor, 27 expertos y un entendido, ya que el abajo firmante fue uno de los invitados) han comparecido ante la correspondiente Comisión exponiendo sus conocimientos. Los miembros de la Comisión han tenido la oportunidad (imparcial) de conocer los puntos de vista técnicos -que engloban aspectos económicos, de bienestar social y protección del medio ambiente- que les permitiría la redacción de un texto común para expresar de manera canónica las aspiraciones de todos los ciudadanos. De nada ha servido ni los puntos de vista de los expertos, ni el trabajo desarrollado por los políticos de la Comisión porque, al final, no han sido capaces de elaborar un documento unitario. La pega, obstáculo, inconveniente, dificultad, estorbo o traba, ha sido el nombre propio, masculino y singular, EBRO. Hasta aquí se ha podido llegar, pero que el PSOE acepte mantener viva la expectativa del trasvase del Ebro es de todo punto (político) inaceptable. Y se equivocan, porque lo que estiman como el arma torticera que el Partido Popular emplea para ganar las elecciones, no es tal. Es una postura absolutamente merecedora del aplauso ciudadano que en su inmensa mayoría -ya se verá- entiende que la solución universal para la cuestión hídrica regional pasa por las trasferencias hidráulicas procedentes de cuencas, con certificadas condiciones en cuanto a economía y medio ambiente, de donde es posible obtener recursos objetivamente trasvasables.

En ausencia de ese Pacto del Agua regional, las conclusiones son claras: Aragón triunfa políticamente y nosotros perdemos económicamente, bajaremos en bienestar social y, que nadie lo dude, nuestras posibilidades de cumplimentar nuestras obligaciones europeas de respeto a las masas de agua quedarán anuladas. Mal enemigo es el aragonés para nuestros intereses (cuentan que el dicho de "a Zaragoza o al charco", tiene su origen en un baturro -con mochila- caminante, sin camino, quien interpelado por un paisano acerca de hacia donde se dirigía, contestó: "a Zaragoza, quiera o no quiera Dios". Dios, ligeramente molesto, lo convirtió en rana por su desprecio hacia lo divino. Pero como resulta que uno de los atributos que adornan a Dios es su infinita bondad, lo perdonó muy pronto. Nuevamente, el andante baturro -con mochila- se dispuso a caminar e interpelado, otra vez, acerca de su destino, dijo eso, "a Zaragoza o al charco". Un buen baturro, nunca jamás cambiará de opinión, ni aunque lo convirtieran en mejillón cebra -con mochila- residente en el Ebro. Malo).

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Una verdadera carrera hacia el desastre hidrológico.