martes, noviembre 19, 2013

MENDICIDAD

La mendicidad es un horror. La miro con sentido caritativo: amo al mendigo y odio la mendicidad. Los ayuntamientos con capacidad de dar albergue y comida a los mendigos tienen el derecho y deber de prohibir la mendicidad callejera. No todos los indigentes son iguales, los hay malos y buenos. De estos yo atiendo a diario a tres. No quiero que me pase como a Don Prístino a quien, a modo de excusa no pedida, la compañera sentimental de uno de los muchos ‘pobres’ (Ataúlfo) que él atiende, le dijo: “señor Prístino, no quiero que piense que yo estoy con Ataúlfo por su dinero”. Y es que lo que hay entre ellos es puro amor y no negocio.

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