lunes, febrero 11, 2013

España y el superglú


La cosa España está fatal. El problema ya no es Gurtel, Palau, Suiza, ERES andaluces, Bárcenas etc.. El problema es, ya, España. En plena Crisis, en pleno esfuerzo de recuperación heroico, resulta que la mayoría de los españoles (y si no, al menos yo así lo siento) están convencidos de que todos los políticos de todos los partidos políticos estamos robando a la gente y echándola a la calle. Los políticos somos los responsables de los desahucios. Por eso, los que yerran y los que se aprovechan de los errores, lo están haciendo fatal. Según las encuestas, de todo lo que pierde el PP (pierde mucho), nada o casi nada va a parar al PSOE (ya se ve donde nos metió). Esta es la desgracia que nos amenaza a los españoles de la muy plural España, que quien nos tiene que gobernar lo haga 'por defecto', como si la disposición de UPyD fuera algo más que la que se corresponde con la del partido que tiene menos rechazos. Nada digo del beneficio, ¡seguro!, que ha de tener IU, lo cual en estos tiempos que corren no deja de ser una sorpresa. En otros sitios dimite hasta el Papa pero España es diferente (y plural). Rubalcaba, ¡Madre de Dios! ¿cómo te atreves a criticar el sueldo de Rajoy cuando has compartido gobierno con un montón de petardos que aún hoy están cobrando sueldos muy por encima de su escasa capacidad de gestión?, ¿Porqué no te callas y dejas intentar aprovecharte de lo que, a la vista está, no es de provecho?

     A todo esto, Anguita (parece un obispo ortodoxo) animando al ciudadano hacia una tercera República y si bien los argumentos empleados le dan cierta razón, ¿a qué viene este santón a poner las cosas peor de lo que están?
Para finalizar este memento doloroso, he de reconocer que tanto Urdangarín como Ana Mato tienen una muy difícil salida y hasta hay quien al oído me susurra: ¡imposible!
     En fin, Rajoy, sube o baja pero muévete, porque -de lo contrario-  a España habrá  que arreglarla con 'superglú'.

1 comentario:

Fernando Márquez dijo...

Quizá estaría bien comenzar a mandar señales inequívocas de regeneración de la llamada clase política, en la que a buen seguro, pagan justos por pecadores. Y más ahora.
Quizá fuera momento de ajustar salarios y privilegios, de acomodar criterios como el de los años cotizados necesarios para jubilarse como concejal o diputado a los del común de los demás usuarios del sistema. De bajarse de los coches oficiales y demás pamplinas. De irse, si hay que irse. ¡Mira el Papa! En fin, de mandar señales para que los españoles volvamos a pensar que estamos en buenas manos como en los lejanos tiempos de la Transición.
Porque hoy me da la sensación de que estamos como el glorioso portaaeronaves Principe de Asturias, realizando nuestra última singladura camino del desguace y de ser vendido como inservible chatarra al mejor postor.

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