domingo, octubre 30, 2011

Cuando, sin querer, uno es presa de determinada indignación



 01:39   
JUAN GUILLAMÓN ÁLVAREZ Estaba tranquilamente leyendo el periódico, viendo la televisión y luchando contra ese jodido letargo que sobreviene tras una comida, en domingo, muy gratificante. Paso páginas y llego a la número 16. Vaya, Pedro Arrojo otra vez, ése quien presume de ser el sucedáneo de cierto ´premionobel´ medioambiental (Goldam 2003). Es una entrevista larga y con poca negrita: casi todo el texto corresponde a declaraciones de este mesiánico doctor que cuando habla, mete entre líneas un montón de embustes. Embustes que esconde y que no le produce el menor reparo, el menor cargo de conciencia. Parece mentira que un tipo como él, tan considerado, tan proveedor de argumentos contra el criminal instinto desarrollista, sea capaz de meter patrañitas tan impresionantes. ¡Este señor no tiene escrúpulos! Ya lleva un montón de años filosofando acerca de que ni los bosques son un almacén de madera ni los ríos depósitos de agua, dejando al pairo eso de que entre el negro y el blanco hay toda una gama de grises muy interesante. Yo, en mi modestia, ya le metí un rejonazo (fallido, por cierto) cuando me dio por leer su librito –por lo que he visto, biblia para conservacionistas en apuros– de título El reto ético de la Nueva Cultura del Agua. 
En tal folleto descubrí una mentira como un castillo de grande que le sirvió para defender sus tesis, sus radicales tesis, tan conservacionistas, que si de tocar un río para algo que no sea para mejorar la biocenosis (por él tasada) del biotopo hídrico y dejar que toda, completamente toda el agua, vaya al mar, entonces iríamos al infierno que este invento de la Nueva Cultura ha inventado para quienes denostamos la falta de escrúpulos de este y otros personajes. En el librito (Ed Paidós), en su página 128 se contiene una apreciación argumentada en números inventados (´http://sirulanochamba.blogspot.com/2011/09/otra-vez-con-dudas-acerca-de-la.html´) más falsa que la chica que vio en la nevera a Ricki Martin, un día. De tal forma esto es así que la conclusión es falsa. Y me pregunto, ¿cómo es posible que un gurú de su categoría no tenga empacho en justificar sus ´cálculos´ con datos falsos?, ¿puede llegarse a la conclusión de que si los supuestos son erróneos, la propuesta es falsa? Veamos: dice este señor que el agua que hubiera llegado hasta Almería procedente del Ebro hubiera costado ¡¡1,5 €!! Dispongo de estudios técnicos suficientes como para afirmar que esto no es cierto. Claro que al no haberse logrado esa transferencia estamos ante dos opiniones encontradas; pese a ello, yo tengo razón. Y para comprobar la ligereza y malvada estupidez de quien detesto sus fundamentos, basta un botoncito de muy fácil comprobación. Dice el santón que el agua desalada en Almería cuesta 0,45€. Bien, en esto no hay problema de comprobación. Es fácil, se va uno a los datos oficiales que da el Ministerio para cumplimentar las condiciones de pago a los concesionarios de las Plantas Desaladoras y encontrará cuál es el precio real, el vigente y no el calculado con tanta maña por el profesor, quien demuestra que torturando los números con suficiencia se llega a la conclusión deseada. Pero volviendo a la realidad y como soy muy amigo de los de Ferrovial –empresa concesionaria de la Desaladora de Alicante– le digo al profesor y sus apóstoles que el metro cúbico de agua desalada está ya por encima de 0,72 €. Sin cálculos y sin hipótesis interesadas. Pregunten.Por tanto, recomiendo al Premio Goldman que se centre en la Cochabamba, en el Amazonas, en Nigeria , en el Nilo, el Mekong ect.. y deje al Levante y sus escaseces hídricas para otra clasificación pues la mezcla con estos ríos y regiones –especialidad de Arrojo– no tiene consistencia. 


Y ya que sigue terne en confundirnos, puedo asegurar que, en efecto, no existe normativa alguna en sitio cualquiera de prohibición a los trasvases. Otra cosa es que se deben justificar sus planteamientos.


En fin, no es por faltar, pero Arrojo me parece un farfullero, incluso con su Goldman a cuestas. Y un consejo: que se vaya con unos petardos hasta Mequinenza y Ribarroja y los desplome. Sí, porque la influencia de dichos pantanos en la desembocadura del Ebro es como poco un montón de veces mayor que la desgracia a que hubiera lugar de no haber decretado la derogación del Trasvase del Ebro.

La opinión, octubre 2011

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