Guillamón Sostenible

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Lo que no está rodeado de incertidumbre, ¡no puede ser verdad! Richard Feymann.

domingo, octubre 03, 2010

EJERCICIO DE MEMORIA NECESARIO

Borrell defendió los trasvases frente a las desaladoras cuando era ministro de Obras Públicas.

El empeño de Cristina Narbona por derogar el Plan Hidrológico del anterior gobierno y sustituirlo por desaladoras choca frontalmente con lo que opinaba Josep Borrell cuando dirigía el Ministerio de Obras Públicas en el último Ejecutivo de Felipe González. Según informa la agencia Fax Press, en 1995, Josep Borrell remitió una carta al entonces titular de Industria en la que asesoraba de las virtudes de los trasvases frente a la desalación que sólo elevaba el precio del agua. La carta es todo un manifiesto anti-desaladoras, digno de recordar al Gobierno.

La agencia Fax Press ha tenido acceso a una carta, escrita por Josep Borrell hace quince años, es decir, en el último gobierno de Felipe González. Este ejercicio de memoria aporta valiosos datos en la polémica derogación del Plan Hidrológico Nacional, diseñado por el Ejecutivo de Aznar. Era conocida la alegría de José Bono cuando ejercía de presidente de Castilla La Mancha por el plan de trasvases que llevearía agua a su comunidad. El actual presidente de las Cortes nunca la ocultó. Lo que no era del dominio público eran las convicciones del entonces ministro de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, Josep Borrell.

El 9 de marzo de 1995 remitió una carta al titular de Industria y Energía, Juan Manuel Eguiagaray en la que, en términos muy amables, echaba abajo la posibilidad de instalar desaladoras en el Mediterráneo porque “no tienen mucho sentido, disponiendo, como se dispone, de flujos de agua mucho más cercanos, cuyo coste suministrado a través de infraestructuras de transporte sería muchísimo menor”. Es decir, la mejor descripción de un trasvase formulada casi de forma idéntica a como lo hace el PP en sus quejas por la derogación del trasvase del Ebro: si hay un río cerca, por qué dejar que el agua se pierda en el mar.

Además de la capacidad técnica del entonces ministro –es ingeniero aeronáutico y doctor en Economía– la carta se basaba en el sentido común. Destacaba entonces que el precio del metro cúbico de agua desalada calculado por Industria no era correcto. Lo explicaba con claridad: “Si se trata de 65 pta/m3 de costes variables, a los que hay que añadir los costyes de inversión de la planta desaladora, entonces estamos en una horquilla entre 125 y 140 pta/m3”.

Pero ese no era el único inconveniente a ojos de Borrell, tal y como explica en su carta resumida por la agencia Fax Press. Añadía que el agua desalada no podía usarse ni siquiera al optimista precio que calculó el gabinete Eguiegaray para el riego. También en esto era claro: “no hay actividad agrícola rentable en España que pueda aceptar un precio de agua superior a 40 pta/m3, salvo quizás algunos cultivos de invernadero”. Y como muestra, un botón: el agua del trasvase Tajo-Segura, recordaba Borrell, “se suministra a los agricultores a 14 pta/m3”.

Otro ejemplo de las virtudes de aprovechar el agua de los ríos frente a la cara desalación: el trasvase Guadiaro-Majaceite que con una inversión de 8.000 millones de pesetas trnasportaba 100 hm3/año para Cádiz con un coste de entre 5 y 10 pesetas por metro cúbico de agua trasvasada. Y la conclusión de Borrell: “Obtener ese volumen de agua por desalación –dual u ósmosis– exigiría una inversión de 50.000 ó 60.000 millones y unos costes anuales de explotación de 6.000 ó 7.0000 millones, es decir casi tan altos cada año y todos los años –explicaba Borrell a Eguiagaray– como la inversión en el trasvase”. Demoledor.

Así que, las conclusiones del socialista eran similares a las que planteó en su día el PP: desaladoras como último recurso. Y, por último –sorprendentemente tal y como denuncia ahora el PP– decía Borrell que debería tenerse en cuenta “el fuerte impacto ambiental de la desalación por su elevado consumo energético”.