martes, septiembre 25, 2007

MÁS TALENTO, MÁS CIENCIA, MÁS TECNOLOGÍA, MÁS…DE TODO, Y MENOS POLÍTICA




Con toda seguridad no merece consideración alguna que desde el campo político alguien se arrogue cualquier éxito extraordinario no demasiado digno de mención. Por el contrario, los descubrimientos científicos acaparan mi curiosidad y llego, sin dificultad alguna, al punto de admirar, como algo sublime, esos descubrimientos que más tarde o más temprano darán lugar a una tecnología que, sin duda, cambiarán para mejor nuestros opciones de vida. Por ejemplo, mucho más asombroso que cualquier supuesto logro político de esos que, como las gallinas cantan al poner el huevo, se transmiten sin decoro alguno por los portavoces políticos, es admitir como cercano al milagro por el que, hace casi 180 años, un tal Avogadro fuera capaz de contar el número de moléculas que se contienen en un mol de gas, precisando tal número en algo así como “más de seis veces la potencia 23 de 10” (¡¡). Esto es impresionante, pero es la ciencia, señores. La ciencia que extiende sus bases sobre la incertidumbre y que una vez encontrada la solución, ésta ya no es discutible. Todo lo contrario de lo que sucede en la denominada ciencia política donde todo, además del inevitable sesgo sectario, depende del territorio, de la persona y de las intenciones con las que se denuncia un principio dirigido –a veces, con nobleza- a satisfacer las necesidades de personas integradas en una determinada sociedad. Todo es relativo en la política y sin embargo ésta formula sus tesis siempre como algo absoluto y, sin empacho alguno, sustenta sus teorías (también de modo absoluto) en determinadas cuestiones científicas manejadas discrecionalmente y sometidas al propio sentimiento.

(un ejemplo bien explícito que nos aclara las discordancias existentes entre ciencia y política puede verse en el planteamiento de la actual política hidráulica en donde –sobre todo, unos- se manejan datos científicos con verdadera desvergüenza y siempre con miras a justificar determinadas actitudes injustas y embusteras; las razones esgrimidas para derogar el trasvase del Ebro han tenido ropaje científico y datos discutibles: “si a los números los torturamos suficientemente, al final cantarán y nos darán la razón”)

Creo en la ciencia, en su descendiente más útil: la técnica, y creo por tanto que sus conclusiones tecnológicas van, imparcialmente, siempre a mi favor. Es necesario que la política abra los caminos para que la ciencia pueda progresar (¡de ella dependemos!)

Por eso, la conveniencia de que en nuestra región proliferen parques científicos dispone de gravedad (en sentido newtoniano) suficiente. Después, la tecnología apuntada por las investigaciones habidas en estos parques debe descubrir y desarrollar sus campos de actuación en los denominados parques tecnológicos, de importancia capital para obtener sinergias en el desarrollo empresarial. Precisamente, y después, los parques empresariales deben establecerse en función de los anteriores y muy ligados a estos, no solamente en cuanto a situación geográfica sino también en cuanto a los objetivos por cumplir

En fin, si además de transitar por este itinerario propuesto para estos centros de progreso (parques científicos, tecnológicos y empresariales) somos capaces de incorporar a tal proceso a las distintas universidades murcianas (UMU, UCAM y Politécnica de Cartagena), habremos cerrado el circuito de manera acertada y por ello estaremos en condiciones de recibir mejores productos que aquellos que proceden exclusivamente de las promesas políticas. Inversiones tecnológicas basadas en la interpretación imparcial de la ciencia harán mejores nuestras condiciones de vida, seremos capaces de establecer pautas sostenibles (con argumentos suficientes ecológicos y alejados de esa nueva ciencia o religión llamada ecologismo cuyas propuestas aparecen siempre mezcladas en un espeso laberinto de idas y venidas, ora políticas, ora científicas) en nuestro desarrollo y, en consecuencia, nuestro futuro será mejor.

Las autoridades regionales tienen la palabra, porque –sépanlo todos-las inversiones en talento, en cultura y en ciencia son las más rentables.

Juan Guillamón. La economia.com
Murcia, sept. 2007.

1 comentario:

Ramón Villaplana dijo...

...y un poco de música clásica, por favor ;)

Un saludo.

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