lunes, mayo 14, 2007

LOS PRODUCTORES SE FUERON A LA PLAYA.


En la etapa anterior a la democracia que venimos disfrutando, en el Día Mundial del Trabajo -uno de mayo- se celebraba, creo que en el estadio Bernabéu, un Concurso adonde acudían todos los trabajadores y obreros, citados para la mayor gloria del régimen dictatorial del general Franco. Éste, no sabemos si con intenciones espurias, dio en llamar productores a lo que siempre se había entendido como trabajadores y obreros. El Día del Trabajo era pues un día en donde se conmemoraba no exactamente la unión y los deseos de los trabajadores sino el triunfo de un régimen. Pero, por fortuna, esto ya no es lo que era. Pero no es lo que era ni cuando era antes de Franco. Los sindicatos hoy defienden cuestiones que hace al menos un siglo eran francamente impensables. Se ha diluido el motivo fundamental que era (y no otro) la defensa del proletariado, siendo éste un conjunto de hombres trabajadores con ingresos inferiores al mínimo nivel de subsistencia y que, por consiguiente, no teniendo dinero para nada, lo único que poseía era su propia prole. Y todo ello, por demás, agravado por la ausencia de técnicas médicas que asistieran en la decisión razonable de limitar el número de hijos en función de unas circunstancias económicas en modo alguno favorables.

Ahora ya no hay proletarios; sí que hay personas con trabajo y personas sin trabajo. De entre aquéllas, las hay con cometidos permanentes y las hay con las limitaciones tenebrosas que la contratación temporal impone. No es de extrañar, entonces, que los líderes sindicalistas pongan el acento en la corrección de esta temporalidad que no sólo beneficiaría a quienes la sufren sino que también al resto de la clase trabajadora, por cuanto la seguridad de un sueldo fijo por tiempo indeterminado hacen al poseedor de este tesoro un consumidor activo, lo que no es otra cosa que el pivote sobre el que la Administración debería actuar para que el reparto de rentas logre el difícil objetivo de mejorar la calidad de vida de todos, reduciendo las diferencias lógicas habidas por la diferencia de talentos entre quienes componen la sociedad: ¿alguien duda de que el hombre es un lobo para el resto de los hombres? En todo caso resulta inquietante lo que los sindicatos apuntan en el sentido de que casi la mitad, un 40%, de los contratos laborales se dispensan con carácter temporal. Y resulta muy extraño pues hoy los bancos acumulan beneficios importantes, no sólo por la virtuosa capacidad bancaria de colocar los dineros en los sitios más adecuados sino que también, en buena medida, porque se consume mucho gracias a los préstamos hipotecarios y personales que obligan al prestatario a unos pagos sistemáticos durante un tiempo fijo, lo cual va en contra de las previsiones que pudiera acumular aquel trabajador temporal.

Pero resulta lamentable que el trabajador, obrero, productor y en definitiva empleado, esté sujeto a las mismas devociones de que quienes no lo son. Me refiero a la avidez con que todos acudimos a disfrutar de los días de fiesta. Recuerdo que durante una famosa huelga convocada (¿1989?) un 14 de diciembre, un trabajador fue sorprendido por su cuñado cuando en la ilegal compañía de su acompañante disfrutaba, a su modo, en un apartamento de una playa cercana, siendo lo propio de su condición no otra cosa que manifestarse en esa huelga contra el gobierno vigente. En consecuencia, los líderes sindicalistas han tomado la decisión de que el día de los trabajadores no ha de coincidir con puente festivo alguno ya que la asistencia se resiente de un modo espectacular (y lamentable).

Claro que un poquito de política nunca viene mal. En Murcia, los líderes sindicales, con independencia de formular consignas y arengas favorables a los partidos políticos con los que de una manera acaso semántica, difusa, se encuentran unidos por mor de ideologías idénticas, han optado por el modernismo en sus discursos. Así, el líder de CC.OO, solicitó a las autoridades políticas, en medio de una concentración que según los cálculos de la policía local apenas alcanzaba los 2.000 individuos, ampliar y profundizar los campos de la innovación y de la tecnología, al tiempo que establecía un memento acerca de esos casi 1.500 millones de personas que pasan hambre en el mundo. No hay proletarios. En todo caso, hay gente que come y quien no tiene qué comer. Por eso soy de la opinión de que este tipo de celebraciones puede muy bien suprimirse, sobre todo porque los propios actores han decidido hacer un mutis por el foro, un foro que les conduce directamente a sus segundas residencias ubicadas no lejos de sus centros de trabajo. Y a mí esto me parece bien, igual que me pareció muy bien que en los años 60, los productores alcanzaron la dicha de poder conducir un seiscientos de su propiedad.

Juan Guillamón.
Empresa y finanzas, 4 de mayo, 2007.

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