lunes, julio 06, 2009

AIMPGN-BPDK



Tengo la sensación de que ya, y por fin, el espectro más representativo de la sociedad tiene una opinión formada respecto al asunto nuclear bien diferente de la que desde las atalayas conservacionistas y el lejano horizonte de los progres a ultranza nos inculcan a través de continuados mensajes admonitorios, cuando no apocalípticos. Tengo, además, el convencimiento de que esto ha cambiado pues lo que antes resultaba ser una cuestión de bondad política, respeto al medio ambiente y otras consideraciones del estilo, ahora no va más allá de un cierto canto interesado que, como en otros asuntos, tiene por objeto mantener una cierta cuota de votos, por cierto cada vez menos numeroso. Procede por tanto hacer un modesto llamamiento a la sociedad civil a fin de que pueda expresar su opinión al modo contundente tal como hacen los grupos minoritarios. Sin necesidad de cortar calles, caminos y carreteras.

En alguna ocasión se ha dado cuenta de algo que -desde luego- ha sido despreciado por aquellos que se aferran a su compromiso antinuclear como elemento ideológico de su cada vez menos consistente conjunto de ideas. Me refiero a lo siguiente: La Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (AIMPGN) ha realizado un cálculo en función de la probabilidad que seguiría un suceso de catástrofe nuclear y, mediante una serie de cálculos, tal probabilidad de que ocurriera un accidente en Europa (igual que en Chernobyl) sería en la actualidad de 0,0009%. Por consiguiente, ya está bien de profecías agoreras que sólo conducen a deformar el criterio de la sociedad en su conjunto tal como viene sucediendo con el asunto del Agua, de modo que gran parte de los ciudadanos se ha creído que en Murcia somos insaciables en el asunto hídrico y estamos dispuestos a arruinar territorios, ciudades, barrios y personas con tal de salirnos con la nuestra.

Cerrar Garoña es un buen disparate, solo justificado por la coherencia política de lo dispuesto por el actual Gobierno; coherencia, por cierto, nefasta en más de una cuestión de parecida enjundia como la de la que nos ocupa. Por el contrario, justificar el cierre apelando a un criterio “técnicamente justificable y energéticamente asumible” es una verdadera estafa gubernativa.

La efectividad de las decisiones políticas, y no solo las de gran trascendencia, debería responder al análisis previo de los factores intervinientes en decurso de las circunstancias que obligan a tomar esas decisiones. En el caso de la central de Garoña es obligado hacer ese análisis antes de ponderar los beneficios políticos que unos y otros hubieren apetecido. Por eso, y sin descartar la ausencia de bondad sin límites en la producción de energía mediante reactores nucleares, es obligado tomar en consideración cuatro cuestiones de asunción obligada (y no sería nada malo escuchar serenamente el discurso tranquilizador que el Consejo de Seguridad Nuclear hubiere establecido).

1.- La función de base (B) que las centrales nucleares cumplen en la combinación óptima para dar solución a la demanda -descartadas las producciones derivadas del gas y del petróleo- es una cualidad exclusiva de ellas y que ninguna de las renovables puede asumir.

2.- Con el cierre del reactor de Garoña, la subida en el precio (P) de la electricidad va a ser inmediata (salvo que el Gobierno disimule con arte tal subida, pero que subir, subirá, eh!).

3.- Siendo nuestra dependencia (D) exterior en el abastecimiento de energía ya de por sí elevada, una política continuada de eliminación de centrales nucleares, además de acrecentar tal disposición, obligaría a España a estar enredada en negocios con países de frágil estabilidad política y/o religiosa que ni el invento ése de la alianza de civilizaciones podrá tonificar.

4.- Dando por sentado la casi nula emisión de GEI a lo largo del ciclo de vida de las centrales nucleares, el mantenimiento de éstas resulta obligado a los efectos de cumplimentar el protocolo de Kioto (K), ya de por sí lamentablemente maltrecho en nuestro país. Por desgracia no hay otro camino: las nobles renovables ¡tienen un techo!

Lovelook, ¡adiéstranos a todos, sin excepción!

Juan Guillamón

La verdad, julio 09

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