viernes, junio 19, 2009

De miopes, hipócritas, iluminados etc...



Tengo por norma tomar en cuenta cuantos mensajes admonitorios me llegan desde la atalaya ecologista, con matices, pues entiendo y doy mi (incómoda) conformidad a que –quizá por aquello de la libertad de cátedra- los mensajes, siempre, vienen con el aditamento de la disposición política, lo cual tiene el inconveniente, que soslayo, de que uno se sienta culpable de todo lo que pasa. Proveído esto por cierto, cada paso dado por todos, incluidos los de nuestros salvadores ecologistas, nos lleva por el camino entrópico, ese que no tiene vuelta atrás, y por ello vamos consumiendo Naturalezas; las dos: la que es virgen intocable y esa otra, demandada por el hombre y que los ingenieros solucionan, entre números, propuestas, condiciones y decretos que la democracia vehicula en contraposición de otros tiempos, ya lejanos en donde (porque sí) todo valía. El profesor Esteve es uno de los paradigmas de quienes disponen que todos los que no son de los suyos, somos malos, muy malos. He leído su último artículo.

¿Qué es eso de aplicar series estadísticas a conveniencia? La regulación interanual, esa que da lugar a embalses secos durante años es precisamente la responsable de que la población española haya podido disponer de agua de abastecimiento sin mayor problema, en la actualidad: si los números, las cifras y las ecuaciones son torturadas convenientemente al final nos dirán que llevamos la razón. En su caso, me produce cierto mucho bochorno intelectual el que Esteve haya recurrido a una serie de 25 años para obtener conclusiones. Mire, el agua presenta una variabilidad indecente y total en un período corto de tiempo. Esta variabilidad, a medio plazo, se compadece con cierta tendencia hacia lo constante. En fin, a largo plazo, el agua es una cantidad constante. Con cambio climático incluido.

Pero, además, sucede que Murcia y Cataluña, junto a Madrid, Navarra y Galicia son las comunidades autónomas menos consumidoras de agua para abastecimiento. Y la agricultura ha debido apañarse con dotaciones (por hectárea y año) del orden de 3.000/3.500 m3, lo cual además de ser una heroicidad de extraordinario calado, merece un respeto. Cuando el profesor Esteve se lamenta de que en la Región consumimos un 187% de los recursos hídricos renovables, en lugar de reclamar aportaciones externas que, como mínimo, nos lleven a la media española (1.000 m3/hab./año) respecto a su máxima capacidad de regulación –siempre con el dato de 6.550 Hm3 propiedad de los aragoneses), en lugar de poner sobre la mesa el disparate que supone la brutal sobreexplotación de los acuíferos, nos sale diciendo que esto no se resuelve demandando más recursos externos, y lo dice con dos cojones. De tal modo que lo que nos resta en la Cuenca es apañarnos con los escasos 320 m3/hab./año (nuestros recursos renovables), mientras los aragoneses se inundan con 4.500 m3 para cada uno.

Demos gracias al profesor por haber reprimido su impulso a recurrir, en lugar de los últimos 25 años, a la serie hídrica de los últimos 10 años pues de su análisis obtendría mayor cúmulo de razones para su radical empeño de comparar magnitudes heterogéneas, sin disimulo, entre territorios peculiares, muy suyos. Y, fíjense, cómo indefectiblemente todos los de la estirpe de este profesor enriquecen su retórica con adjetivos nada amistosos: miopes, hipócritas, iluminados, postores del negocio fácil, corruptos, corruptores, codiciosos, superhéroes etc.. Estas cosas. Y, por demás, ese desprecio inicial a las valoraciones ambientales –como elusión a la responsabilidad de los científicos que trabajan en este campo por transmitir información objetiva- que han de validar las condiciones ambientales de los proyectos, conlleva el peligro de obstaculizar iniciativas tan convenientes para la Región, como es el caso de El Gorguel: ¿pasaría algo si la clase conservacionista aguardara a la publicación del obligatorio Estudio de Impacto Ambiental para abochornarnos con apocalípticas admoniciones?

Sostengo que es totalmente lícito que cada cual se alinee, con excusas científicas incluso, del lado que a uno le venga en gana. Sin embargo, en algunos supuestos me muestro radicalmente refractario a admitir determinadas posturas. Y es una lástima pues la libertad de cátedra -como altavoz que se dispone para profesores y maestros en su interpretación de los datos- puede resultar un verdadero peligro, desintegrador, causante de confrontación y suficiente para eliminar las líneas de encuentro que en todo “desencuentro” debería producirse.

Nota (muy breve).- Para los ingenieros hidráulicos, nada peor que acudir a la sobreexplotación de acuíferos en épocas de sequía. Proponen todo lo contrario: recursos subterráneos explotados de manera sostenible, sólo en época de abundancia. Así que cuando las vacas estén flacas, que pasen sed a menos que resulte interesante hacerlas engordar proveyéndolas de agua allende las fronteras (territoriales).

La verdad, junio 09

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