Guillamón Sostenible

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Lo que no está rodeado de incertidumbre, ¡no puede ser verdad! Richard Feymann.

miércoles, enero 31, 2007

HISTORIA, HIDRÓGENO Y ENERGÍA




Permítaseme utilizar exactamente el título con que el ingeniero de caminos, canales y puertos, Antonio Colino Martínez, pronunció su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias, no hace mucho, y a quien rindo sentida admiración. La mención de estos tres conceptos, a mi modo de ver, representa el pasado, presente y, sobre todo, el futuro del Planeta. Murcia pertenece al Planeta pero no es todo el Planeta.
A modo de prolepsis, me disculpo ante la globalidad de los ecologistas, pues ya sé que nada hay más que los incomode que alguien que, no siendo uno de ellos, tenga la osadía de hablar de Medio Ambiente, Cambio Climático y otros asuntos que a ellos les conmueve. Pero es que, disculpen, a mí también. Ruego, entonces, se tenga en consideración, no sólo por todos ellos sino por el conjunto de todos los ciudadanos, que la acción antrópica hoy es francamente destructiva. Lo saben los ecologistas, y lo sé yo. Por eso lo cuento.
No creo en modo alguno que los esfuerzos locales que los ambientalistas hacen acerca de las cuestiones territoriales más cercanas sean vanos. Sí creo, también, que dichos esfuerzos, si no van acompañados de otros esfuerzos de las distintas partes del planeta, la cuestión no pasa de apreciaciones teñidas de intención política. Me preocupa (nos debe preocupar a todos) la que nos viene encima. La Historia del Mundo es una Historia de la Energía, y la Energía es Hidrógeno. En efecto, toda la energía que nos viene al planeta procede del Sol. En él, y en procesos de fusión continuos, el Hidrógeno se convierte en Helio; en forma de rayos (distintos y diferentes) nos llega la Energía a la tierra. Dependemos del Sol. Dicen los físicos que el Hidrógeno se funde en el astro rey a razón de unas casi 50.000 t diarias, lo cual indica que aún queda vida para 4.500 millones de años. En esto no hay problema, creo. La distribución de la gente en nuestro planeta, con aproximación, es del orden del 8% en América del Norte y el Caribe; 12% de europeos; 5%, americanos del sur; 1% en Oceanía; 13%, África; y, el resto, corresponde a Asia con el 61% de la población mundial. Dando por supuesto que el progreso de chinos e indios es imparable (los mejores informáticos del mundo están en la India: ¡esto es una auténtica lanzadera¡) y que aún es grande la diferencia que existe entre nosotros, los europeos, y ellos (el consumo energético de los chinos acaso es del orden de seis veces menor del que tenemos en España, y el nuestro algo menos de la mitad de los yanquis), se nos anuncian tiempos difíciles para la consecución de una energía sostenible en todos sus términos. Se imaginamos que chinos e indios, en número algo mayor de 2.500 millones, deciden encender una bombilla de 100 vatios durante una hora, el consumo energético global sería de 250 Gwh, lo cual llevaría consigo la emisión de las siguientes en cantidades de CO2 (¡en una hora¡; adiós Kyoto) a la atmósfera, según la materia prima empleada para la producción de tal energía: 250.000 tm, utilizando carbón; 125.000 tm, utilizando petróleo; 72.000 tm, si centrales de ciclo combinado; y, en fin, 0 tm, si centrales nucleares. Al Gore dice, y es una voz bien autorizada, que la cuestión energética que va indisolublemente unida al cambio climático, no es un problema político, es moral. Y estoy de acuerdo. Los últimos años (bastante menos de 100 años) de una humanidad civilizada, cuya duración se estima en 4.000 años, se han caracterizado por una acción antrópica decisiva que ha modificado demasiadas cosas en La Tierra. Si bien es cierto que es más seguro saber lo que va pasar dentro de 10.000 años (una glaciación) que lo que pueda pasar dentro del 50 o 100, más nos vale tomar en consideración medidas extraordinarias en materia energética hasta tanto en cuanto nuestros científicos den con la clave de la obtención directa de energía a partir de la fusión nuclear y, en fin, del hidrógeno. Todo esto me parece muchísimo más importante que dedicar tanto esfuerzo a denostar el ‘ladrillo’ regional en función de su (sic) poco aceptable huella ecológica. Son los asiáticos -recuerden, el 61% de la población mundial- y luego, Dios así lo quiera, los africanos -el 13%- los que deben preocuparnos, y como no es ético ni cristiano proceder a una eliminación sistemática de chinos, indios y africanos (Hitler y Stalin ya están en el infierno) lo correcto es proceder rectamente en consonancia y respeto hacia la Madre Naturaleza, tal que la propuesta del socialista Almunia relativa al debate sobre la energía nuclear(*) debería ser tomada en consideración por nuestro presidente Zapatero, a desdén de su torpeza.
Y como epítome necesario, repito: disculpen los amigos ecologistas mi atrevimiento de hablar sobre aquello que según ellos es su patrimonio cultural, intelectual y, por supuesto, político. Perdón.

(*)Por desgracia, la utilización de todo el conjunto de energías renovables no daría ni para el 20% de nuestras necesidades actuales. Eso, como mucho.