martes, noviembre 14, 2006

NO ES LO QUE ESTÁS PENSANDO, CARIÑO.



Este envejecer sin delicadeza no impide que vuelva sobre los pasos de mis recuerdos. Recuerdo que, en el colegio, cuando formábamos antes de ir a clase me entretenía en repasar las corvas de mis compañeros a fin de comprobar si se adornaban con la roña -y sus churretes- tan habitual a finales de los años 50. De pequeño, además, mis tres hermanos y yo éramos bañados -todos juntos- en una bañera, los sábados, con agua calentada en los fogones, y jabón restregado en nuestros infantiles cuerpos mediante el cruel estropajo. En fin, mi aseo personal se completaba con un lavado de piernas apresurado los jueves después de comer y antes de jugar al fútbol. Todo esto, por fortuna, gracias a la innovación y a la tecnología, ha pasado la historia. Hoy los niños, no sólo cepillan sus dientes dos veces al día sino que han sido obligados desde pequeños a ducharse diariamente. Tienen varias mudas y se cambian de ropa a diario. Me ha parecido una broma el que los medios de comunicación hayan indicado que nuestra más audaz ministra, Cristina Narbona, haya apuntado la posibilidad de penalizar de algún modo los consumos superiores a 60 l por habitante y día. Esta intención, no confirmada e incluso después matizada por la ministra, daría pie a que nuestra imaginación cavilara al objeto de restringir el uso del agua a costa de lo que sea. No sería de extrañar que, en este estado de cosas, los vecinos de cualquier comunidad tomaran el acuerdo de establecer turnos para disfrutar de las duchas (diarias, naturalmente) de modo que sería posible que el vecino del cuarto optara por una ducha común en compañía de la señora del sexto. Siendo esto una situación cuando menos embarazosa, en caso de ser sorprendidos en pleno aseo de los cuerpos, por el cónyuge de uno de ellos, la frase obligada y oportuna no podría ser otra que la tópica de "no es lo que estás pensando, cariño; estamos ahorrando". Esta obsesión ministerial de que los paisanos nos obliguemos a estar sometidos a la tortura que supone estar pendiente de ahorrar agua potable, todos los días, todas las semanas y, en fin, de por vida, no logro entenderla por cuanto que las posibilidades cuantificadas de este ahorro en modo alguno tendrían demasiada trascendencia en el ahorro global del agua en España. El 20% de 20 es 4; y del 5% de 80, también 4. Ello quiere decir que incidir en economías hídricas en relación con la agricultura es del orden de cuatro veces más efectivo. Pero es que no resulta prudente atizar ahorros en lo que es un avance higiénico de España en relación con otros países europeos donde hace un frío "que corta el cutis" y es por eso que no suelen utilizar, entre otros artilugios domésticos, el bidet (elemento del que carecen algunos de los mejores hoteles europeos) con lo cual los culitos no estarán a la altura de las circunstancias. Recomiendo a nuestra combativa y prudente ministra que propicie ahorros más efectivos en el campo de la agricultura. Por ejemplo, ahorrando los 1000 Hm3. que se destinan al riego de excedentes agrícolas (arroz, alfalfa, algodón y maíz) de producción fuera de mercado o superiores a los cupos fijados por la UE. De esta manera tan sencilla, tendríamos abastecidos durante un año a 16 millones de personas, eso sí, con dotaciones de 185 litros diarios; o sea, una cosica que esté bien y no esos 60 litros más propios de dotaciones quinta mundistas. No nos torture más, ministra, que bastante tenemos ya con lo del mejillón cebra

A la vista de las razonables protestas habidas en toda España en relación con los 60 l, la ministra ha querido matizar la cuestión y nos explica que lo que en realidad quiso decir es que su ministerio "garantizará los 60 l diarios a todos los habitantes de España", lo cual no hace sino complicar aún más las cosas, pues ya se ha dicho que los consumos menores por habitante en España (por cierto, se dan en Murcia) no bajan de 145 l, estando la media nacional sobre los 180. Pobres ciudadanos de los campos sorianos, yermos y helados, que habrán de conformarse con lo mismo que nos hubimos conformado los niños de la posguerra hasta que los ingenieros de caminos culminaron la tarea ingente de construir 1200 presas.

Juan Guillamón. LA VERDAD, 13 11 06

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