sábado, octubre 21, 2006

EMPRESA Y FINANZAS. NOV, 2006.- CAOS, COCHES, CULTURA, ALICANTE, PLANIFICACIÓN... TODO.

(pie de foto: Autovía Toledo-Madrid. 2002)


La composición del tráfico tiene mucho que ver con la cultura local, con las inmanencias consuetudinarias y con las aspiraciones de alcanzar metas de progreso que la publicidad, pertinaz, acelera. En España, desde luego que por razones climáticas, las posibilidades de desplazamiento individual en vehículo privado están bien acusadas y por consiguiente el número de estos se eleva cada vez más. Nadie puede poner puertas al campo de la adquisición de un coche, grande o pequeño. Las ciudades están dimensionadas, por lo general, en función de usos y de zonas. Raramente, las autoridades municipales toman en consideración la importancia que tiene, a la hora de ordenar la ciudad, la planificación de las infraestructuras necesarias para paliar en la medida de lo posible aglomeraciones no deseadas. El PGOU de Murcia adolece de esta circunstancia, pues no existen determinaciones, mediante el pertinente Estudio de Movilidad, para que los accesos a las nuevas zonas comerciales del norte de Murcia pudieran tener algún mecanismo paliativo. Incluso, el Plan Especial redactado al efecto para definir los ‘Accesos a los Sectores Terciarios del Ensanche Norte’ en 2003, carece de un Estudio de Tráfico que apoye fehacientemente la solución propuesta de entre las distintas alternativas estudiadas.
Esto es así.
Pero pese a las precisiones anteriores, por mucho que se intente, no es posible evitar puntualmente las aglomeraciones en determinadas circunstancias y condiciones. En los Manuales de Capacidad para carreteras y vías urbanas se determinan situaciones de tráfico que se corresponden con determinados niveles. Así, el Nivel A define un tráfico fluido de carácter total. El nivel E, es el peor de todos, el más rechazable y menos deseable porque implica ausencia de movimientos casi total y embotellamientos caóticos capaces de generar un estrés generalizado en los conductores. Nada es posible hacer cuando por razones festivas o comerciales un conjunto exagerado de conductores acude a un punto determinado (es el caso de la dichosa festividad valenciana que provoca la afluencia masiva de los alicantinos en busca de los comercios murcianos, cuestión ésta que no es nueva sino que se viene produciendo al menos durante los últimos 25 años). Con IMDs (intensidad media diaria) superiores a 50-60.000 vehículos con puntas de casi 10.000 vehículos-hora no hay infraestructuras urbanas capaces de establecer un tráfico con nivel de servicio aceptable (C como máximo) ya que las limitaciones existentes en las ciudades y su alfoz difícilmente pueden contar con vías capaces de prestar este servicio (por ejemplo, la capacidad conjunta de una redonda para dos accesos consecutivos no suele exceder de 2000 vehículos-hora). De este modo, no sólo en Murcia sino en Alicante, Madrid y cualquier otra ciudad con industria y comercio desarrollados tendrán que sufrir las consecuencias de atascos puntuales en días señalados.
La verdadera solución para hacer frente a esta "plaga circulatoria" que padecemos sólo puede encontrarse en el fortalecimiento de un transporte público que evite, en la mayor medida posible, el uso del vehículo privado. Lástima que nuestra ciudad, cuyo núcleo y periferia están muy distanciados entre sí, disponga de un servicio de autobuses con dificultades manifiestas de movimiento, tanto que están obligados (ciudad antigua, disposiciones árabes, adarves y calles estrechas) a circular a velocidades poco superiores a los cinco kilómetros/hora. Es evidente que esta velocidad puede hacerse cómodamente a pie en los trayectos en los que es posible y en los que no, porque la distancia es demasiada, los peatones, a despecho de su condición, circulan en su propio vehículo.
Quizá el atractivo de un tranvía, con frecuencias inferiores a los 5 min., cómodo y accesible, sería el tipo de trasporte público capaz de eliminar vehículos en los accesos a los Centros Comerciales del norte del casco urbano de la ciudad. Mientras, debemos asumir -¡y asumimos!- que el tráfico discrecionalmente, de vez en cuando, nos tocará las pelotas del alma inmanente que todos los ciudadanos llevamos dentro. Claro que para el futuro deberíamos exigir a nuestras autoridades locales que el conocimiento exacto de la movilidad y sus motivaciones es clave para paliar en buena medida estos caos que nos conmueven. Tómese nota de ello.

Juan Guillamón

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