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jueves, febrero 17, 2011

ROCA, DE NUEVO.


Hoy he vuelto a subir a la quinta (planta) para ver a quien cuida los expedientes, nada de montes y vacas, ni vaquerillos del tres al cuarto. Nada de eso. Todo, por suerte, sigue igual: desorden oportuno, nociones desencadenadas, estrofas por el aire y ambiente leguleyo. Todo igual, Heisenberg incierto, Bhor volando sobre apuntes y libracos. Un gato que hace miau y recuerda, sutil, el dúo de Rossini. Ambiente, pues, cuántico, incierto, estocástico….. En este despacho jamás es predecible el futuro (es cuántico, ¿no?) pues sus propuestas, respuestas, rigen al son de la probabilidad. Ay, Fernando, puede ser que sí y puede ser que no ¡Al mismo tiempo! Por eso, entre códigos y artículos, entre reformados y deformados, entre maderas y metales, todo es como el gatito de Cheshire: miau. Eres superior a Schrödinger…y a mí, por cuanto afirmas –y no es verdad- que tu conocimiento de la Mecánica Cuántica es inferior a nosotros dos y, sin embargo, tú eres el paradigma de lo cuántico, quien más dispone de argumentos para deducir las propiedades de las cosas insignificantes y magnificarlas en un proceso de tan poca cordura como la que a mí me mueve para despreciar todo aquello que resulta imprescindible para navegar entre contradicciones. Lo mío, en suma, es la herética locura por amar lo accesorio y, por eso, te admiro a tí -en modestia homeopática- que eres  como la disolución aproximada de un grano de arroz en una esfera acuosa con centro en el Sol y radio la distancia que media entre allí y el planeta Urano. Más o menos así.
Háblame, cuando puedas (y sepas) de Avogadro…..y su número.

viernes, julio 18, 2008

(DOS Y DOS SON CUATRO)

Fernando Roca, dice:
(POR EL CAMINO VERDE) Verdaderamente, Juan, me preocupan estas tendencias tuya a pegarle fuego a las cosas. Sobre todo, porque un hombre de tu cultura, con seguridad no desconoce la vieja advertencia de Heine, "quien quema los libros acaba quemando a las personas". Y es que, este tipo de propensiones son normales en un estibador del Báltico, en un "aguador" de plataneras, o en un peón caminero, pero han de calificarse de rigurosamente excepcionales en gente de orden, entre los que te incluyo indubitadamente, por tu persona, historia y métodos, a los que aprovecho para rendir, una vez más, mi adhesión más encendida.
No menos inquietante es esta otra tendencia tuya a retratar mi guarida administrativa, aprovechando que estoy meando, desayunando o cualquier otro gerundio real o imaginario. La apelación al orden está demostrado que posee ribetes psiquiátricos. Yo me encuentro bien en lo tú llamas desorden y yo, simplemente, "estado de pérdida momentánea". Por increíble que te parezca, nunca he perdido un papel que no mereciera ser perdido. La gente se asombra de cómo localizo al instante, todo género de cosas, incluso de origen animal, que sospecho habitan en la guarida y me acompañan desde hace décadas a modo de mascotas invisibles. Siento, por otra parte, que no te hayan hecho ni vocal ni consonante, pero estoy seguro de que se trata, como mis objetos perdidos, de un estado transitorio, que la fortaleza moral de tu trabajado espíritu superará con creces.
En fin, te dejo, recordando algo del "Libro de los jueces",que no recuerdo de memoria el capítulo, y dice así: "Es más difícil encontrar un hombre justo que un hombre santo". Aunque, consuélate, como dicen los sefardíes de Constantinopla, (que ya no queda casi ninguno), "Ya mereses medaya". o en tu caso, y atendiendo a tu condición de Ingeniero, podríamos traducir, "Ya mereses Paleta -de oro-)". Por el camino verde, por el camino verde.
Y yo, respondo:
Estás en lo cierto, Fernando Roca, no cabe duda alguna: jamás pierdes un papel…si el papel te interesa, claro, pues de lo contrario harías del despacho una especie de guarida enigmática, alborotada y abstrusa en donde la búsqueda del papel que dé con la solución a uno de mis innumerables problemas –ahora ya, no más allá de ligeras inquietudes, pues me libré, no sin sentirlo, de tu yugo normativo (cruel, a veces)- sea algo virtualmente posible. Quizá te sentirías mejor (trigémino a la espalda) si reconocieras que rehúyes buscar papel alguno que no te importa porque generalmente no lo habrías de encontrar. Ni en tu despacho, ni en el de los interventores, ni en el de los jefes de servicio cuyo contenido no responde a nada que no sea económico. Con una humildad impropia de mí te pediría que cerraras tu despacho, sin fuego atizador; que huyas con la velocidad del rayo a refugiarte en lugar seguro, allí donde los consejos que recibieres tuvieran el tenor bondadoso de mis propias admoniciones, tan llenas de sentido nada común y en absoluto miserables. Tu destino lo hallarás en los confines de la ingeniería, en donde aprenderías a sumar y ver –observando con sigilo- que, en efecto, dos y dos son exactamente cuatro, sin margen de error alguno. Y a las pruebas de las modificaciones esperpénticas me remito: ¿quién puede sentirse afortunado en situación delirante –y provocada- que resulta de ese acto de magia, improcedente y absurdo (por reducción inveterada), que convierte un concurso de aplicación meditada en una subasta ordinaria? Como te pierdes –a conciencia- entre los vericuetos de lo complementario, pasa ante ti, sin que te apercibas de ello, todo un modificado de los asuntos capitales que (observados con detenimiento ante él) a lo mejor te daría la luz que necesitas para alumbrar nuevas y renovadas ideas de tu imaginario jurídico, de ése de donde extraes tus propuestas normativas. Así, alumbrando ideas y no sólo conceptos, llegarías al conocimiento de que hay vida después de las vocales y consonantes, pues hay quienes (como yo) son capaces de rimar en asonante dando por concluida una aproximación nada despreciable, una vez fracasado el intento de convertirme no ya en la primera vocal del abecedario sino en cualquiera de ellas, ya vocal, ya simple consonante.

sábado, julio 12, 2008

UN DESPACHO DE ENTROPÍA DISPARATADA


Hoy he vuelto a pasar por aquél, tu despacho desmayado, fiel imagen de tu antrópico y disperso entramado mental. Revuelto los conceptos en apilados montones de abstrusa e imposible clasificación, ¿tanto te inquieta efectuar un muy necesario modificado de tan ingentes cantidades normativas? O ¿Quizá te nubla el conocimiento lo complementario de tu cotidiana obligación? Es más que probable la aparición de un supuesto equilibrio, bien que ocasional, en tu discurso certero acerca de disposiciones fatuas pero legales pues, de no ser así te verías impelido a reconsiderar no sólo el conjunto total de tu exagerado conocimiento sino –y esto sería lo importante- los argumentos que te llevaron en su día a incorporar ese cargamento de cultura –e incultura- que lejos de proveerte de felicidad te convierte en uno más de los individuos (como yo) que ven perturbaba su conciencia ante el cúmulo de tus determinaciones, las que estableces, sin medida ni clemencia, más allá del lugar donde no hay sol, ni hidrógeno y por tanto carente de energía. Porque a ti te sobra, por todos los costados de tu inmanencia, insensible al sufrimiento que, con contumacia, genera, sin piedad, el trigémino cruel que se incorpora al somatismo de tu inveterado cuerpo, compuesto más que nada por espíritus traidores que, en forma de gas (imperfecto), fluye inmisericorde por entre los poros de tu piel; de tal forma que, se quiera o no, te conviertes en el alma de tu propia alma. Por eso, abre la muralla de tu despacho, liquida sus estantes, no dejes en pie leja alguna. Ayúdate a quemarlo con el fuego que el funcionario amigo pudiera regalarte. Destroza, uno a uno, todos los expedientes; arroja por la ventana, una vez despejado el cristal que en el marco metálico se aloja, libros y boletines. Libérate de una vez por todas de todas esas trampas que impiden tu equilibrio; cambia todos esos cacharros mobiliarios de lugar: ¡llévalos hasta donde puedan ser más útiles que a ti! Y todo, para que puedas, en tu soledad –damasciana y envuelta en el manto menstrual de tu dolor, el físico-, encontrar la roca donde puedas edificar tu talento.
Necesitas otro lugar de trabajo, destroza tu actual rectángulo tan lleno de amenazante entropía। Busca, primero en tu entorno, y luego algo más allá, pues recuerda que aunque no conozcas camino alguno siempre encontrarás algo, con tal de que camines lo suficiente। Eso sí, jamás cometas la locura de detenerte en mi despacho: ¡sería para ti, aún peor, pues quedarías convertido en estatua de sal! Serías reo de morir abrasado en locuras interpretativas acerca de los números y las letras। Debes, por tu bien pasar de largo, y por el camino verde llegar hasta la ermita donde las azucenas, destrozadas paso a paso por el paso implacable de todas las carreteras –modificadas y complementarias-, ya están marchitas।

¡Sálvate!।

sábado, mayo 10, 2008

EL DESPACHO (4)



Fernando Roca, me dice....

Con faldas (escocesas) y a lo loco. De nuevo, Juan, pospongo su esperadísímo artículo sobre el despacho que ocupó como Jefe Servicio de Proyectos. Y digo ocupó usted, en frase algo exagerada y en clara licencia poético administrativa, pues no negará usted, Guillamón, que cuando uno llama por teléfono a despacho oficial, y una voz, entre ultratumba y Juanito Valderrama, le espeta, enteramente circunspecta: "Le habla el contestador automático de Juan Guillamón Álvarez. En este momento no me encuentro en el despacho. Si se desea dejar algún mensaje conteste a la señal....". Reconocerá usted que la primera vez uno se encuentre perplejo, hasta el punto de repetir la llamada. No insistiré en ello, si acaso apuntar que no sé si lo ha desactivado, cuando quizá no carezca de utilidad intemporal el invento. Guillamón, lo de la "cobertura" es una bajeza impropia de un señor de Murcia, forjado en los Maristas, uno de los mejores Colegios de España, según se nos cuenta en La Verdad. Pero en el fondo se lo agradezco, pues pone de relieve que su desconocimiento sobre el principio de legalidad ha de ser emparejado a sus nociones sobre el arte violínístico. Porque, bien mirado ¿a qué llama usted cobertura? Pobres de nosotros, los simples chupatintas, los de los papeles, como usted menciona, al lado de tanto oropel y tanto pisto que se dan otros, con el culo hecho pepsi cola. Nos limitamos a recordar eso que se escribe en ese papel transitorio ("sic transit gloria mundi"), efímero frente a la arbitrariedad de cambiarlo, o derogarlo a capricho, (Kirchamnn, "tres palabras del legislador convierten Bibilotecas enteras en basura") que se llama la Ley. Pero lo nuestro no se ve. Lo que se ve son los puentes, las presas, los puertos y demás. Bien está. A mi me parece bien. No me quejo, pero cobertura es un término muy desgraciado. Pobres de nosotros. No tenemos influencia, además no debemos tenerla, ni nada parecido. Informamos, nada más. Unas veces acertamos y otras no. Por último, me alegro que todavía se acuerde del artículo 58. Es curioso cómo todos los Ingenieros se acuerdan con facilidad de él, como se recita el Padre Nuestro. En cuanto a sus obras, es broma, hombre, claro que le sobreviven, Guillamón. Dios las guarde muchos años, y coadyuve a mantenerlas en condiciones frente al desgaste de materiales, tan feroz por estos lares. Mi trigémino, por otra parte, es una desgracia. Pese a ello trabajo todos los días, pues me acuerdo del Talmud, "El hombre es un aprendiz, el dolor es su Maestro". No sé si esta cita le gusta, pues siempre adivine en usted cierto resabio, que no citaré, con el decoro que procuro ejercer para las cosas serias. Por cierto, Guillemin es apellido sefardí, aunque seguro que usted tiene cierta razón, y los Guillamones son chicarrones del Norte, hasta quizá señores bretones, recompensados con una isla por sus hazañas en Tierra Santa, ("donde la sangre manaba por las calles como si de ríos se tratase"-Beaufort), con una extraña hijuela en Ricote y carril en la Huerta. Francamente, me trae al pairo. Yo, por mi cuenta, me despido de esta nueva serie de insultos, agradeciéndole que se tome a mi persona como objetivo, pues esto me recuerda nuevamente el Talmud ("Quien salva a una persona salva al mundo entero"), pero créame, yo ya me he salvado, a tenor de los muchos sufrimientos que ya atesoro para mi corta edad, a los que, por cierto, espero no tener que añadir una larga ristra de improperios, producto del engrudo inextricable que en su persona forman la ambición, la mediocridad y una mediana conciencia. P.D El desorden de un despacho, en contra de lo que usted cree, es buen síntoma. Ya lo advirtió O. W Holmes, "Quien tiene la Mesa limpia, es que lo tiene todo en los cajones". Pero oigamos también a Goethe, "Prefiero la injusticia al desorden". Usted elija.

Suyo, nada afectísimo.

Su primo putativo.


Y, yo respondo…

No te confundas, Roca, no me he sentido atraído, nunca, por la mediocridad. No es campo donde cultivo mis talentos. Y en cuanto a mi conciencia, ella no se caracteriza por lo mediano, lo ramplón y lo insignificante; al contrario, mi conciencia es laxa, ancha como lo es (o, quizá, lo hubo sido) Castilla. También, abierta y carentes de prejuicios como los que, por ejemplo, acaso me hicieran renuente a dirigirme a ti, hombre aquejado por dolores inescrutables pero existentes, hasta históricos, diríase. Porque tu historia es una historia de dolor, dolor producido por un desmedido afán de conocimiento hacia asuntos para los que no has sido especialmente bendecido, aun de haber contado con un cúmulo de bendiciones que sin embargo han quedado al margen de ti, ocupado como estás en resolver los problemas del mundo con pintorescas interpretaciones de cuantos cuerpos legales y doctrinas ad hoc (según tú mismo) se te han puesto por delante. Pero tu intuición presenta las suficientes fallas como para que, ¡de una vez por todas!, te hubieras planteado su continuidad. Las sendas y frondas que tu intelecto fabrica, en demasiadas ocasiones te dirigen a la conclusión vacía: te pierdes en la misma medida en que aquél, matemático con crédito en los comienzos de sus análisis y desbordado mental al fin, intentó comprender, booleano él, que siendo el conjunto vacío aquel que no contiene ni un solo elemento, por lo extraño que parezca, sí contiene uno: el elemento vacío. En esas estás tú, solo que en vez de reconsiderar tus equivocadas conclusiones, eres capaz (porque la inteligencia jamás te privó de recursos mil) de recomponer toda la teoría con tal de que tu conclusión apuntada preteridamente permanezca incólume. Eres, pues, el más tenaz de los músicos, letrados, diletantes y de hasta los ingenieros de complementos. Jamás desfalleces, ni aun ante el error evidente. Por eso, ahora y no antes, he llegado comprender que el análisis, nada certero, que te llevó a pronunciar tu frase más lamentable (No hay problema!) tuvo que ver con la confusión estúpida de adjudicar el carácter dominico a quien su fe le llevó a Guardamar, una vez confirmada su vocación marista.

El contestador del teléfono del jefe del Servicio de Proyectos, Construcción y Cumplimentación (a posteriori) de farragosos papeles por imperativo legal, lo desconecté hace casi un año con ocasión de una no prevista visita mía a la villa manchega de Chinchilla. Allí quedó para la posterioridad, con la panza llena de mensajes, pitos y flautas, en medio de un par de ‘walki-talkis’ en no muy buen estado.
Reconozco mi incapacidad para determinar las condiciones de la legalidad, si bien tú fuiste uno de los más grandes responsables de esta carencia que aún hoy me abruma. Del ‘no hay problema’ cuando me imaginaba en las interioridades de la ilegalidad más frustrante, hasta el ‘sí hay problema’ cuando Manning, Pitágoras y tú descalificabais la necesaria modificación de unas tareas, insistiendo con tozudez en una arbitraria interpretación de carácter complementario.

Fui un mediador (lo sigo siendo, de otro modo) y nada más. Los caminos con sus puentes que enjareté, no sin la ayuda inestimable de un colaborador cándido y eficaz, vigilantes y encargados, y contratistas avezados, magníficos ingenieros y mejores tratantes, no tienen sentido por sí mismos. El sentido toma valor en el justo momento en que las personas pueden dirigirse desde el inicio del camino hasta el final para hacer lo que su oficio le hubiere obligado. Esa es la cuestión.

En fin, me sucede como a ti, que el dolor, en todas sus modalidades ha sido mi mejor maestro.

sábado, mayo 03, 2008

EL DESPACHO 3




Fernando Roca (y Guillamón) me dice:
Perlmann, Perlmann, Perlmann....Oh, querido Juan, por fin reconoces que has escrito sin inteligencia. Más, no por ello, he de reconvenirte. Es tolerable, empero, pues este es el estilo al que propendes, aunque no por ello menos falso, casi todo lo que dices. Pero es intolerable que menciones a Nigel Kennedy al lado de Perlmann. Bueno, claro está, ambos son violinistas, como tú y Torroja soís Ingenieros y Victor Mature y Sir Lawrence Olivier eran actores. Por cierto, se me ocurre cierta analogía intrapolante, que diría Fernández Carvajal, resucitando a San Agustín. Sabes que Victor Mature, intentó entrar en un club de golf muy exclusivo de L.A. y el gerente tuvo que explicarle que no admitían actores, y que lo sentía mucho. Mature, se le quedó mirando y dijó, "No hay problema" añadiendo, "yo tengo cincuenta películas que lo único que demuestran es que yo no soy actor". He aquí, Maese Guillamón, la analogía intrapolante; te imagino intentando entrar en el Club de Golf "La Garapacha", con algún Gerente relamido con perjuicios de los que me atribuyes y diciéndole, "mire usted, señor Macanás, yo tengo sesenta obras que lo único que demuestran es que no soy Ingeniero". Más, para ser completamente coherentes, el anterior sainete requiere de premisa, digna de investigación, cual es la de que te hubieran sobrevivido sesenta obras. Hubo tiempos en que a Juanelo sobrevivieron sus inventos, a Vitrubio sus puentes, y a Echegaray sus obritas literarias, ("cuando estrena Echegaray, aunque haya peste, mejor se está en Bombay",) más en los tiempos que corren, no es inusual ver a los creadores de algunas obras desolados ante la muerte de la propia descendencia, cuyo óbito, puede producirse, no ya en la "pubertas", sino en pleno período prenatal, en el puerperio de la garantía y no mucho más allá del destete y, desde luego, sin esperanza alguna de llegar a la féliz y despreocupada etapa de los garbotazos.Yo admiro a los Ingenieros, no les persigo. A fin de cuentas, dime de otro cuerpo al que se cite en las Memorias del primo de Franco (omito página, de forma tan elogiosa por el General Latorre, entonces Delegado en la Confederación de no se qué cuenca, y haya conservado intacta la omnisciencia, la prudencia y el buen hacer.Por último, Guillamón, (no está bien que yo te trate cariñosamente de Juan, y tu con mala leche, a mí, de Roca) ardo en deseos de leer esa descripción babilónica del creciente fértil, en que pareces conceptuar tu antiguo despacho. Cuando lo hayas hecho, no olvides llamar a Howard Carter, el gran arqueólogo, y a la Enciclopedia Britannica, para abrir entrada, que proporcione a los "Guillamones" (entre los que me encuentro) una perspectiva más amplia que un carril en la Huerta una acendrada mala leche y una isla escocesa.


PD. Yo no sé si N. Kennedy es un genio, pero está claro que es el que más arcos jode. Tuyo siempre, tu primo putativo.






Y mi contestación es...





Sin inteligencia sí, pero esta sola vez, lo cual no quiere decir que mi paradójico invento (el de escribir sin aparente aptitud) tenga la intención de descartarlo en alguna ocasión en que, una vez más, deba rebatir tus argumentos, los cuales, aun plenos de juicio (aparente) acaso pudieran incomodar someramente mi agudeza de conocimiento, no exento en la generalidad de los casos de cierta vivacidad, tan típica de los ignorantes, como yo, siempre atentos a ilustrarse. Te quedaste corto, la distancia que nos separa a Torroja y a mí supera con mucho lo que hubiste establecido entre Mature y Olivier, mucho más, casi tanto como el inmanente y sideral recorrido que hubo, en su día, entre el talento de aquel pajarito del sexto (¡no fornicarás!) y tu candidez, luego obsesiva, con que presumías hacerle frente, cantarle las doscientas, cuando lo que en realidad hacías era nada de rien y poco más. Qué digo nada; no, lo que hacías era ¡dar cobertura! a sus tan interesados como escasamente escrupulosos vuelos, siempre en dirección noroeste-oeste un cuarto al norte, al norte que perdiste mucho antes de que el trigémino te convirtiera en tu propio esclavo.
No hay problema –dijo el pájaro, elevando el vuelo, quizá hasta la curva de nivel 200-, no hay problema. Y tú en tu despacho, aquella vez que te pudiste abrir paso por entre complementarios, informes y taludes. Tal vez te fuera por conveniente un largo periodo de reflexión, en solitario y preferiblemente solo, sin nadie en tu derredor que pudiera ser motivo de distracción en los soliloquios profundos que estarías en condiciones de fomentar, allá a lo lejos y en plena soledad. Ve al lago Ness, sube y baja por cuantas esclusas se te muestren; no intentes localizar al monstruo: ya no existe, se fue a medrar en otros lugares, se procuró harta descendencia e inventó esa ley del Hierro que figura en los partidos políticos (‘el que primero entra, antes que nadie manda,’). Dirígete, en dirección norte-sur, hacia la isla de Skye e imponte la condición de no perder demasiado tiempo en explorarla, excepción hecha del puerto-poblado-ciudad Portree. Antes de llegar allí, desde lun lugar en la Bahía de Broadford, podrás divisar un pequeño islote de no más de media hectárea cuya forma recuerda los hombros de alguien pretérito en el tiempo y difícil de identificar. Es lo cierto que tal isla parece una colina en medio de ese violento mar en donde se cuecen, más alto, las Hébridas. Guala Mam, eso es lo que parece, una colina con los hombros redondeados en donde una sola especie de animal puede habitar en ella. Llena de pájaros, gaviotas de distintas especies (entre las que destaca, entre otras, la denominada ‘guillemot’, de cuerpo blanco y negra la cabeza) y otros pajarracos no muy bien identificados pernoctan en Guillamon, topónimo celta y sin acento, en que aquel Guala Mam gaélico llegó a convertirse, para que tras un período de tiempo no definido diera lugar a un estirpe afincada en la France para, después, ni sabe cómo, algunos de sus menos presentables individuos dieran por concluido su periplo: unos en plan guillamunia (vascos) y otros, ya con la condición aguda que proporciona el acento, a lo largo del Mediterráneo. Por eso, jamás creí en el rey moro de Ricote; por el contrario, sí admiré la locura constructiva tuya, porque llevas el apellido Guillamón por motivos maternales.
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No puedo hablar de mis obras, ni escribirlas, porque su conjunto es un todo incompleto, y no sólo a los efectos del relamido art. 58 de la antigua Ley de Contratos. Pero tengo obras, de otro tipo, bien culminadas casi todas ellas. Una, por cierto, inacabable: la que tiene por objeto centrarte en tu destino, pues tu caletre de Guillamón es inasequible a cualquier asedio intelectual.

Nota.- En realidad, mi deseo era (y es)….hablar de mi despacho.

jueves, mayo 01, 2008

EL DESPACHO (2)

Fernando Roca, me escribe:
Veo, Juan, que andas escaso de visitantes y necesitas de mi participación para alimentar tu ego. Yo te proporcionaré la gasolina incendiaria. Verdaderamente, Juan, he de empezar por recordarte que efectivamente no cabe calificar de meninas -ni meninos- a los visitantes habituales de mi despacho, en el que tú, otrora, y menos otrora, mendigabas consejo para que no acabaran procesándote, ingenuo tú que crees que todavía existe el Estado. No hijo, el Estado se fragmentó como un fideo fetuccinni, de esos que tu amigo Feynmann gustaba de romper uno tras otro durante una noche entera, para demostrar que siempre que se doblan se rompen en más de dos partes, inventando la teoría de la fragmentación. Que digo en dos, en doscientas mil. En mi despacho no es que no ose entrar menina, es que no entra meninge sana, que es cosa distinta. En verdad, parece más una sala de venereas de esas de las peliculas de serie B, o de las novelas de Truman Capote. Es pequeño, peludo, y nada suave, como bien te consta. Me comen los papeles, esa horrible expresión que utilizan los analfabetos funcionales para describir los documentos.Y me comen porque todavía no me he domiciliado en el mundo de los cursos y de las Mesas Redondas en el que, por otra parte, ¿tú crees que me dejarían entrar? Mi compañero Eduardo Ponce me acompaña en el retrato, con pretensiones velazqueñas. Yo no estoy ufano, ni tengo pose pantocrática, ni siquiera de ser la version administrativa de cualquier obra de tu admirado Policleto. Se trata más bien del retrato interesado de un pintor con mala leche, alevosía, en cuadrilla -no diré cual- y con cierto grado de escalamiento, circunstancias agravantes, no se olvide. Es, en efecto, Eduardo Ponce, maestro, y en eso te equivocas, precisamente del arte taurino, pues el arte de meter un cuerno, no debe ser despachado con ligereza. Yo no he sido su discípulo, pues a la vez entramos, hará pronto 24 años, aunque mucho ha de aprenderse de su categoría personal, por mucho que nos separen otras cosas que a ti no te importan, y a él y a mí, todavía menos.Por cierto, Juan, ya sabes que si Gracíán tiene razón y "la reserva es la marca de la inteligencia", ¿tú crees que todo esto te conviene? A mi me da igual, en fin, ya sabes, tengo una neuralgía del trigémino, la columna jodida y no tengo un duro,y solo creo en Itzhak Perlmann, ¿qué más me puede pasar?, ¿qué me preñen? Pero tú....(Continuará).
Y contesto yo, sin reserva algun, sin inteligencia..
Sí, estoy convencido de que serías autorizado a participar en cursos y mesas redondas, al igual que yo, pero con dos condiciones (¿restricciones?) previas. Una, que lo hicieras en calidad de ponente. Y dos, que tus intervenciones más severas las ejecutaras sentado como tu admirado Perlmann. Así, de súbito, no sorprenderías a los inocentes inscritos en tales foros y podrías, sin duda, hacer uso de tu extenso caudal de conocimientos sin que nadie, excepción hecha de mí mismo (caso de comparecer a la vera de tu osadía), pudiera apercibirse de lo somero de tu puntillismo en materia científica. Y digo bien, pues una cosa es la técnica científica y muy otra la disciplina jurídica, ésa que tu dominas con precisión algo sobredimensionada. Al punto admito todo lo tuyo, lo real y lo imaginario, pues tu conjunción intelectual sabe apreciar aquello que más valoro: la accesorialidad, tan llena de incertidumbres. Si lo tuyo, reglado, debería ser el estudio exclusivo de las leyes y toda su objetiva jurisprudencia aplicada a resolver embrollos de la vida cotidiana de funcionarios mayas, aztecas y hasta incas, eso se corresponde, más bien, con el recorrido de un incierto itinerario para perseguir ingenieros…por doquier.
Lo confieso. El contenido casi total, de mi labor ingenieril-funcionarial consistió en ir detrás de los papeles que con insistencia -tan terca como fundamentada en particulares interpretaciones legales- me hacías rellenar, cumplimentar, enjaretar, completar, encajar… a fin de dar lustre administrativo-legal a la puesta en marcha de una tras otra unidad de obra, siempre a la voz (jamás por escrito) de todo el conjunto maravilloso y leal de los políticos que mandaron sobre mí y que yo jamás amé. Y tú que ’no hay problema’; y que la ‘j’ de Manning se mide en newton; y que los taludes te los mides a medias con Pitágoras; y que Morley no estaba solo cuando quiso medir velocidades inmedibles; y el trigémino, y las chaconas y hasta, ahora, el violinista sentado de Perlmann.
Yo nada sabía de este virtuoso, quizás por su contemporaneidad. Yo amé el estilo y juventud de Nigel Kennedy y su violín. Por cierto, puedes leer en la Wikipedia algo interesante: Yehudi Menuhin tiene en su haber dos circunstancias que nos unen: Tuteló a Nigel, de quien percibió enseguida que era un genio. Y regaló -o dio en depósito- su mejor violín a tu referido Perlmann.
Bueno, bien. Sí mendigué en tu despacho, pude entrar en él, a veces: cuando tú estabas. Te diré algo: aprecio más tu despacho que a tí mismo: es más real, yo diría que tú eres más tu despacho que propiamente tú. Es eso de las circunstancias que tanto ayudan, si las interpretamos bien, para deducir la realidad, incierta o no. Ese despacho no se ha resentido, al cabo de los años, de la ausencia integral de aquellos tomos, anejos, informes y pliegos que te llevaron desde el Norte sinuoso al Noroeste de tus obsesiones que hubiste compartido con interventores, amigos descamisados, escalímetros en ristre y fines de semana, a la grupa de un panda, navegando desde lo alto de El Capitán hasta postrarte de hinojos ante la Vera Cruz. No hay ya papeles del Noroeste, porque tu pretendida lucha contra el pajarito que volaba por encima de ti era demasiado desigual: Perdiste, y lo que es peor, contra un loco real más listo que tú.

No hay problema.

Continuará…
(Otro día le haré un canto a mi antiguo despacho: de largo, muy de largo, mucho más fértil que el tuyo).

lunes, abril 28, 2008

Hoy he dado por bueno visitar a Fernando Roca, sin idea de perder demasiado tiempo con sus precisiones, nada semánticas, acera de lo que son y no son las cosas que él ve y se empeña en hacérmelas ver. Sin éxito.
Me he perdido en su despacho, todavía encajable en el dédalo del conocimiento imposible. He podido, pese a las dificultades, repentizarlo en la puerta de este barroco recinto (lleno de luz y color) en donde menina alguna osaría entrar. Él, sin embargo, se muestra ufano, al fondo, en la puerta, como queriendo emular al aposentador del Alcázar real, ayer ede de los Austrias y hoy desaparecido por causa mayor atizada por el fuego que consume piedras y maderas. Suerte que le acompaña, quizá inconsciente, su impagable amigo, severo administradorde de todos los contratos del tipo 'estado' que se presentan ante él: Eduardo Ponce, verdadero maestro (y no taurino) de la Administración regional, ¡y subsiste, pese a Roca!)
contnuará......

domingo, enero 27, 2008

FERNANDO ROCA EXISTE EN REALIDAD


(Transcribo el mensaje esclarecedor y sincero de F. Roca. A la vista del cual me tomaré mi tiempo -estoy muy ocupado- para dar una respuesta a tono con su nivel.)


ME JODO, LUEGO EXISTO. Querido Juan, voy a dar por zanjadas estos elogio-insultos que tanto nos gustan. Pero antes quisiera corregirte algunas cosas, pues las meninges te han sido afectadas, sin duda, por alguna infección de un garbotazo superior que se te infectó en la niñez. ¡Qué cacao tienes Juan! He de decirte que la parajoda, si parajoda, de Epiménides- en realidad Epimenides si hemos de atender a Jesus Mosterín y su reglas de pronunciación del griego arcaico-es una paradoja que ningún Ingeniero de Caminos puede comprender, pues ningún Ingeniero ha dicho jamás una verdad- fíjate una verdad, no la verdad- según avala mi experiencia. De Kurt Gódel he de decirte que lo más interesante para mí es que murió literalmente de inanición, y creía que le envenenaban con manzanas, como en el cuento. Se cuenta de él, que enfrentado en Princeton a las fuertes espaldas de los chicos del medio oeste, su nariz nunca abandonó la pizarra. Las matemáticas son incompletas, desde luego, casi como tu concepción de la lógica formal, o quizá un poco menos. Para cubrir este grave déficit te recomiendo, que leas los siguientes libros, para que solfees y no cantes como un niño de coro con los mocos colgando: "Elementos de lógica Teórica" de tu admirado Hilbert y también de Ackermannn. A mi no me gusta y comienza diciendo "la lógica matemática es una extensión del método formal de la matemática en el campo de la lógica", página 11, Tecnos, 3a Edición 1993. Hilbert dijo una vez en 1914 que "Oímos ante nosotros una perpetua llamada. Hay un problema. Encuentra su solución. Es posible hacerlo con la pura razón". En cuanto al amigo Russell, por el que yo estuve fascinado en mi infancia, que como habrás podido comprobar está lejos de terminar, te dire que a mi me expulsaron de un curso de doctorado, por el simple hecho de mencionarle, y me dijo un catedrático "homo uni libri", "este no es lugar para eso, vaya usted a Espinardo". Al principio, dado mi desconocimiento de la geografía pimentonera, creí que me mandaban directamente al cementerio, pero luego me tranquilizó un compañero al aclararme que por alli pacía la Facultad de Filosofía. Allí siguen ambas entidades. Eso es la Universidad actual.Abandonando el terreno metodológico y entrando en el ontológico, te diré que la única manera de saber si uno existe es comprobar si está jodido. Sí lo está, pocas dudas puede haber de su existencia. Esta teoría, principal contribución de Fernando Roca a la Humanidad, en unión de algunas nada despreciables interpretaciones de Tárrega y Albéniz, posee un corolario no menos interesante, a saber: Los no jodidos no existen. Así, la gente féliz en realidad tiene un carácter espectral, fantasmagórico. ¿Crees que me darán algún enchufe para desarrollar mi teoría? ¿a cuántas Mesas Redondas seré invitado a participar? ¿Viviré de ello?

jueves, enero 24, 2008

FERNANDO ROCA PIENSA Y ¿EXISTE?

Pensamos, sin duda, Fernando. Ni uno solo de los rayos cósmicos de que estamos compuestos, tú y yo, son iguales. Luego pensamos, pero ¿Existimos? Yo sí, desde luego: respecto a ti, mis tengo dudas –metódicas- porque en demasiadas ocasiones me has demostrado que los cisticercos de los cenuros….gravitan en tu propia inmanencia, porque sí. Puedes hacer, entonces, como yo: revisar el córtex porque en esa superficie cerebral se genera la conciencia no ya del entorno sino de uno mismo ¡Qué cosa tan interesante llegar hasta tu propio conocimiento! Siendo, no obstante, imposible llegar a la meta, el ejercicio desarrollado durante el (vano) intento te ayudará a corregir alguno de los que configuran el cúmulo de tus defectos. Pasa igual que con la evangélica frase ¿Sed perfectos como mi Padre (Dios mismo) es perfecto’, pues alguno de nuestro entorno parece haber tomado al pie de la letra este metafórico mandato divino y pretende llegar hasta el final. Yo no, no me interesa ya ser director de carreteras ni de nada. Lo sabes bien. Tú y tus cien mil millones de neuronas con las que todavía razonas; claro que la sinapsis no conecta con precisión cuando diriges tus diatribas contra mí. Puedes cambiar de coordenadas si lo deseas; elige por ejemplo las esféricas pues con ellas los símbolos de Christoffel tienen un aspecto matemático precioso, nada cartesiano (por cierto). En relación con los carbotazos dados a ese niño de piernas repletas de pelos, en Cartagena, te diré que fueron improcedentes para ti y para mí pues la venganza del niño, cuando ya mayor y pajarito real, se cebó en nosotros, sobre todo en mí. Cuestión de falta de escrúpulos y mejora sustancial de inteligencia, como la de Cantor, aquél que terminó en un manicomio. Por osado, por pretender entenderlo todo cuando esto es matemáticamente imposible. Ya Gödell justificó que la matemática no es capaz de demostrar todo el conjunto de cosas evidentes.
Y, ¿qué me dices de las paradojas? Bonita la del barbero de Russell, pero por encima de todas me quedo con aquello que Epiménides enunció, mucho antes de que nosotros naciéramos, claro: “Yo soy un mentiroso”. Lo cierto es que en este mundo, penosamente contingente, no todo puede entenderse; y mucho menos la actitud de Dios con todos sus atributos plenos de infinitud en este mundo imperfecto pero que, sin embargo, es el mejor de los mundos posibles porque lo creó Dios; aun así, ¿es posible aceptar que la perfección de los procesos químicos y biológicos de los 15.000 millones de años que tiene el Universo es cosa del azar y no del Creador? Medita literalmente sobre esto, recógete con tu trigémino enervado y solicita para los próximos días habitación en el “Hotel de Hilbert”. Allí encontrarás infinitas habitaciones pero con una particularidad: una vez lleno, quedarían infinitas habitaciones libres (Y así sucesivamente).

Como ejercicio del intelecto final y a fin de que hagas practicar a la parte frontal más adelantada de tu cerebro, responsable de la capacidad de planificar, te propongo el siguiente análisis booleano: Si el conocimiento es la intersección de la ciencia y la verdad, ¿qué resultaría de la intersección de la ciencia y la falsedad?
Dímelo, amigo.

jueves, diciembre 27, 2007

A VUELTAS CON FERNANDO. ROCA-GUILLAMÓN



"UN SOLILOQUIO ESCLARECEDOR DE FERNANDO ROCA"
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Anónimo dijo...
La irrestricta cultura de Juan Guillamón y sus soliloquios por lo general poco esclarecidos.Querido Juan, ya que insistes en discutir conmigo, cosa para la que no estás prepsrado por varias razones fundamentales, no me dejas más remedio que decirte varias cosas. Mi soliloquio, como tú le llamas, es imposible, pues es condicion sine qua non que tales se hagan a solas, y de solas nada de nada, pues tú elevado ego exige exhibición, e Internet te proporciona un gran teatro donde mostrar tus habilidades. De actor por supuesto. Nada malo hay en ello. Yo no tengo la culpa, por otra parte, que se te haya olvidado el coeficiente K, del que nunca te he hablado, lo que ocurre es que tu omnisciencia ingenieril, acompañada de tu simpatía, ha creado en ti un homúnculo de dificilísima taxonomía, que te lleva a presumir de haber olvidado lo que nunca has sabido. De forma consciente, deliberada, desafiante. Ya sabes que desde un punto de vista matemático y conjuntista, el mumdo se divide en dos: los Ingenieros de Caminos y los demás. No se cómo a Cantor no se le ocurrió este ejemplo. Y la pregunta es quiénes son los demás, ese segundo conjunto inane y banal. Pero podríamos intentar definirlo, de forma algo descriptiva, como todos aquellos que han de aguantar los muchos disparates que se les ocurren a los primeros, en general, aunque no siempre, sumamente ígnaros del arte de la prudencia. Sí Juan, hay vida inteligente más allá del Colegio de Ingenieros. ¿Y por qué no puede mandar un catedrático, un violinista, un pintor de brocha gorda, de brocha fina, un sastre, un desastre o simplemente un hombre honrado?Ya que te gustan las citas de Lewis Carrol, mezcladas con Walt Disney, mira ésta otra de Platón, sin mezcla, con la que me despido: "Del mismo modo procedes tú ahora, Callicles, exaltando a las personas que dieron bien de comer y beber a los atenienses y satisfacieron sus pasiones sirviéndoles cuanto apetecieron. Aquellos hicieron grande al Estado, dicen los atenienses: pero no ven que dicho engrandecimiento no es más que una hinchazón,un tumor lleno de podredumbre; porque de una manera descabellada estos hombres han llenado a la ciudad de puertos, arsenales, murallas impuestos, y otras tonterías semejantes sin unir a estas obras la moderación y la justicia" (Gorgías o la Retórica). PD. Cuando quieras te explico lo de Feynman o lo del gato. Si quieres ver a Feynman en "directo" puedes hacerlo en las Douglas Robb Lectures, de Auckland, en 1979. Lo de Schördinger está muy bien descrito en un libro estupendo, sobre otras muchas cosas, que puede entender hasta un picapleitos: "El estado cuántico implica una superposición de un foton reflejado y uno transmitido: él transmitido activa un dispositivo que mata al gato, y por ello, según la evolución U, el gato existe en una superposicion de vida y muerte" R. Penrose, "Lo pequeño, lo grande y la mente humana", página 63.Oye, por cierto, en la oficina oscura lo que se oía era la Sonata para Violín BWV 1003, la Chacona es la BWV 1004. Aunque lo que más me gusta son las Canciones Catalanas de Llobet, sobre todo mi favorita, desde niño, "La Cancó del Lladre".
martes, 11 diciembre, 2007


MI RESPUESTA:


Amigo, toma una cuerda de la longitud que tú mismo estimes y que puedas encontrar, larga o corta, es lo mismo. Sujétala por los extremos, con ambas manos, y busca otra mano amiga (exclúyeme de tu búsqueda, por favor) para que pellizque exactamente en el centro de la cuerda: oirás un sonido que debes memorizar. Corta la cuerda por la mitad, coge los extremos y pide a la mano amiga que pellizque el centro: nuevo sonido: memorízalo. Repite la operación varias veces y podrás comprobar que, no siendo matemático ni por supuesto ingeniero, eres capaz de admitir, gracias al virtuosismo musical, que todos esos sonidos son armónicos, lo cual indica (te explico) que si definiéramos una función que expresara todos esos sonidos, su laplaciano sería igual a Cero. Puedes creer que lo anterior es un ejemplo evidente de convergencia sutil entre la física, la matemática y la música: ¡no todo consiste en tocar la guitarra¡ Tengo para mí que, si bien con evidente disimulo, la armonía de tu trigémino es tan ingrata como lo es la de mis manos.
Creo que se llamaba, o se llama, Susana Tamaro (o así). Una escritora italiana, asténica, chupada y bajita; de pelo corto quizás, que, a lo largo de su recorrido hacia donde el corazón se la llevó, reflexionó largamente acerca del sistema linfático, ese sistema tan desconocido y tan fundamental para que las cosas en nuestro cuerpo (de lo somático a lo visceral) funcionen de acuerdo con nuestros propios intereses. Mira, Fernando, ignoro por donde entran las suciedades, cacas y bacterias a ese sistema tan abstruso, ¡sólo sé que proceden del flujo sanguíneo¡ Y nada más. Es una lástima que la conexión linfática no se establezca directamente con el cerebro pues de este modo más de uno (y a nadie señalo) presentaría unas condiciones más estables en cuanto al desarrollo intrínseco de la intelectualidad, de la intelectualidad que se pierde por caminos no imaginados, uno de los cuales trasladó a Cantor hasta la locura, incapaz de asimilar su extraordinario descubrimiento respecto a los diferentes tipos y órdenes de infinitos, pues llegado a la conclusión extraordinaria de que el infinito no es un número sino una cualidad, su cuerpo enredado en la linfa, espesa, incolora y viscosa, dejó de funcionar. Y bien que lo comprendo pues no hay lucha más absurda que plantear modelos para atrapar el infinito de modo analítico. Cantor se equivocó: escogió el análisis, y hasta la topología, cuando debió calmar su excitación matemática de una manera más sencilla, más prosaica (¿tú, a veces, trazas la asíntota de lo prosaico?), como por ejemplo ayudándose de las representaciones gráficas. Ya los pintores renacentistas conocían de un modo instintivo lo que era el infinito. Pero es en el siglo XVIII cuando los grandes geómetras franceses determinan que el infinito es capturable, de todo punto alcanzable: el infinito es, ya, ¡un punto¡ Un punto en el espacio, es la intersección de las rectas que -siendo paralelas- en el sistema de representación cónico confluyen con rotundidad, sin necesidad de aspavientos linfáticos e innecesarios. Toma el ejemplo de lo que debió hacer Cantor y requiérete a ti mismo en el sentido de convertirte en elemento capaz de ser representado en cualquier sistema, ya sea axonométrico, diédrico o caballero. Nunca te dejes arrebatar por las falsas promesas de aquellos que quisieran representarte en un plano acotado, porque eso sería exactamente lo que te faltaba para perder no sólo el norte de tu cabeza sino hasta el noroeste que te hubo llevado de coronilla, en tanto en cuanto tus mediciones y tus exámenes no hubieron sido filtrados necesariamente al sistema linfático del que he hecho una apasionada referencia con el único objeto de interrumpir tu navegar intrépido, a lo largo y ancho de tu mundo, gigante y extraño como aquel himno, romántico y desesperado. Y todo porque he llegado al convencimiento de que tú, precisamente tú, eres el cardinal que determina ese difuso conjunto de los demás que no incluye, según tú mismo, a los ingenieros de caminos.

Tú eres el cardinal.

En definitiva, concluyo: Los residuos, impurezas, bacterias, etc., que provienen de la sangre y tejidos y que no son reabsorbidos por la sangre, "desaguan" en los vasos linfáticos. A lo largo de este sistema colector existen pequeños centros de depuración (los ganglios) que destruyen todo aquello que es dañino. Una vez el líquido linfático está limpio y regenerado es devuelto al sistema sanguíneo.

El conjunto del sistema linfático lo componen órganos, conductos y ganglios.

viernes, diciembre 07, 2007

UN SOLILOQUIO ESCLARECEDOR DE FERNANDO ROCA



MIAUU....





Necesito meditar, ¡es tan profundo tu discurso, Fernando! Debo reunir argumentos, ¡que no imaginé!, para dar pábulo a tus numerosos ejemplos de intelectualidad (a medio camino) plausible. Quedo reprimido en la incertidumbre del gato, ya lejos en el tiempo -y en la capacidad intelectiva- Schodinger (con ¨) y el mismo Heisenberg. Me he perdido en el camino de las mediciones y los supuestos: ¡para nada me interesan ya los pliegos de condiciones ni la cláusulas administrativas! He dado de mano en estas cuestiones de maquinaria y medios auxiliares. Hasta me importa un comino el coeficiente 'K', falso y manejable por quien pretende dar satisfacción a su superior, aun de inteligencia menguada. Ni la misma realidad es real, ¿acaso existe lo absoluto? Tú, en la incertidumbre y oscuridad de una oficina desierta, si interpretas la chacona de Bach, ¿eres real? Tanto como el gato de Cheshire, el gato Félix, el gato con botas. Por eso, toma nota:


-Minino de Cheshire, ¿podrias decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
-No me importa mucho el sitio... -dijo Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
-... siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
-¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato-, si caminas lo suficiente!


Firmado:
El cornetín de Feynman.



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"ELOGIO DE FERNANDO ROCA"
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Anonymous said...
Dios hizo a Juan Guillamón. Lo demás es obra de los maristas. Muchas gracias por tu elogio-insulto que en verdad te agradezco. Pero he de aclararte que en mi opinión tú eres a Richard Feynman lo que los músicos militares son a la música. No te ofendas. Feynman era un tipo extrañísimo capaz de llegar a decir en una clase de anatomía de un gato "si alguién tenía una mapa del gato". Yo le odio, pues por su culpa se me jodío lo que yo había comprendido del experimento de Young, el de la doble rendija. Pero ya sabes lo que decía Bohr, el que dice que comprende la física cuántica es que no la entiende. Esto no le ocurre a tus líbelos, cuya encantadora incomprensibilidad no se debe a ninguna naturaleza extraña. Por el contrario, son claramente ininteligibles. En esto no hay incertidumbre.Sí, es cierto, me he dedicado a leer, yo soy un lector empedernido, pero inútil. Me gusta la Británica y pasar de United Kingdom a United States, con escala en Uruguay, sin pararme en Ur, sobre todo porque no está y hay que irse al Espasa. Me gusta ser un jaina, y ver todo lo que sabéis los demás, y lo guapos que salís en las fotos del Nelva, rodeados de gente con tanta gomina en el pelo que les acaba resbalando por la espalda hasta donde ésta pierde su honesto nombre. Mi deformación es más músical que otra cosa, ya lo sabes, pero es que las llamadas Ciencias Jurídicas todo lo que vale la pena se escribió hace cincuenta años y creo que en un mundo lleno de oligofrénicos, que confuden el Derecho con sus cojones y la letra impresa del Boletín, la música es útil para amansar a las fieras. Por eso me gusta tocar el Aranjuez y el concierto de Giuliani, mentalemente, ahora que la medicación me está jodiendo las uñas, sobre todo en las reuniones con tus compañeros, mientrás desarrolláis la Región, aliviando el trance. Juan, la tragedía no es lamer culos, ya lo sabes, la tragedia es equivocarse de culo. Ya casi ya no quedan culos que lamer, la demanda supera a la oferta. Los que valen, a dar conferencias a 2000€ y el hotel incluido, a jalar croquetas que no hay quien se las coma y a sentar los reales en tanta Mesa Redonda que a alguno le va a salir cara de Lanzarote del Lago. Mientras, otros, a trabajar y como premio salir en los periódicos como si uno fuera Gracita Morales en "Atraco a las Tres". Mismamente. No es cierto, Juan, que ahora nos veamos menos que antes, gracias a Dios. Yo te veo mucho por allí, o quizá se trata de tu espectro, no lo sé. Nunca me han llamado travestido, pero todo llega en esta vida. Lo que no sé es si me parezco a Bibi Andersen. Espero que no. Claro que es mejor ser hermafrodita, así se está en el limbo de la indefinición y se puede cambiar el delta de Kronecker por el del Ebro y viceversa, según convenga. Mi competencia ingenieril, querido Juan, es aboluta, tanto que he merecido el acrisolado título de Ingeniero de complemento, es decir, que estoy preparado para responder a cuestiones tales como: "si se está construyendo una carretera en Barinas, de dónde traería usted los áridos a) de la Miguelota b) del Cerro Gordo". O bien esta otra otra: ¿cuántos pelos tenía en el culo Don Leonardo Torres Quevedo al inventar la máquina de ajedrez? a)50 b)54 c)56". Sólo los que sabemos la respuesta a tales cuestiones, somo Ingenieros de complemento. Incompetencia ingenieril, dices, no me hagas reir. Física , Química, Matemáticas. Por ejemplo: ¿puedo comprarme un BMW con la Ráiz de P de una obra de 50.000.000? Adiós Juan y no me hagas tanto elogio. Oye y sácalo que se vea el artículo, no me jodas.Fernando Roca
jueves, 06 diciembre, 2007

sábado, noviembre 17, 2007

ELOGIO DE FERNANDO ROCA

Fernando Roca se introduce en el BLOG así:

Y dime Juan, la referencia a Richard Feynman, qué tiene que ver con todo esto. Debes saber y si no te lo digo yo, que para eso soy abogado sin fronteras, como Viete, como Fermat, y algún otro, que el amigo Feynman escribió un libro que se llamaba y se llama "El carácter de la ley física". Debes leerlo. Después de hacerlo, ya no dirás más tiempo lo que dices sobre la normativa, terrible palabra muy homófona con lavativa, y con la que, los que son al Derecho lo que los músicos militares son a la música, describen el fenómeno jurídico. Sin embargo, querido Juan, en algún lugar de tu "mental storm", de vez en cuando, llegas a alguna conclusión interesante, por pura intuición, deduzco. Esto es lo que le ocurre a tu afirmación de que las normas deben ser exactas, propensión benthamiana verdaderamente inexplicable en un Ingeniero de Naturaleza, Caminos y todo lo demás. No me puedo explicar que no sepas quién es Walter Benjamin, pero al fin y al cabo tampoco sé yo si la fórmula de Maning es en julios o cualquier otra majadería semejante. La mejor descripción del Derecho se encuentra en "La Hojarasca", de García Márquez, durante la preparación del entierro de la vieja. Ya no tengo interés por la Ingeniería, después de ver lo qué es, claro esta, y ahora me dedico a leer el Harrison de Medicina Interna, que son 6000 páginas, en la Biblioteca Regional y aprovechando que abren el sábado durante todo el día (hay que luchar para que abra toda la noche, como en Nueva York), en busca de una solución para mis dolencias. Me gusta tu retrato al lado de Carmen Conde, pero me gustaría más conocer el contenido de tu charla con ella, con mucho lo más interesante de Guillamón ¿Sostenible? Hay que ver la cantidad de cosas que somos capaces de decir los que de nada sabemos. ¿Sabes que Gracián dijo que la reserva es la marca de la inteligencia?, ¿qué somos, de tener razón Gracían?, ¿qué clase de oligofrenia puede afectar al personal, de tener razón el sabio de "Razón de Estado, razón de establo"? Un abrazo, Fernando Roca.
miércoles, 31 octubre, 2007




Se muestra -en apariencia, sólo y por interés confesable- sorprendido de mi admiración por Feynman y ello (como casi siempre, sin sutilezas) le da pie para buscar las debilidades que tengo pero que él ignora. Hombre de inteligencia cuasi real se pierde en mis argumentos, que discute empleando, con torpeza, mis propias armas: ¡como si los números adimensionales tuvieran eso, dimensión! Fernando Roca Guillamón es un trasvestido intelectual: de formación rigurosamente técnico-científica, esto es, hombre de ciencias (como Leonardo), presenta un primario órgano vital puramente de letras. Siendo como es que a mí me sucede al revés, los desencuentros son muy evidentes; si bien, en modo alguno, los éxitos que necesariamente se suceden tras el enfrentamiento habitual no están equitativamente repartidos. Muy al contrario, la suerte del conocimiento me hace triunfar sobre de él de modo permanente. Aunque, en fin, las circunstancias parece que me han alejado de él (por suerte) no por ello dejo de echarlo de menos: ¡me hube conformado a sufrir adversidades! Fernando es mi saco de entrenamiento que, suspendido de un hilo, golpeo (en su intelecto) sin piedad. Intelecto excesivo, enorme y desbocado que origina un caos tal que ni él mismo puede llegar a entender. Por eso, en nuestros debates, yo le ayudo a comprender que el saber total es imposible, en tanto que el aprendizaje constante es un tormento tal que si aumenta el círculo de su conocimiento, el correspondiente concéntrico y exterior a él aumenta en mayor proporción. Por eso, pretender llegar al conocimiento absoluto es una quimera imposible de alcanzar por mucho que Fernando lo intente memorizando la Enciclopedia Británica, desde la A a la Z, y en inglés. Más le valiera reconocer su incompetencia ingenieril, forjada tras un abandono no previsto en tierras canarias (lagunares) del estudio apasionante de la matemática y la física en un intento (vano) por alcanzar el total dominio de la ciencia jurídica, incapaz, ésta, de aplicar a la vida cotidiana (aburrida y recurrente) sus principios objetivos. No hay realidad real, Fernando. No intentes convencerte de lo contrario. Yo ya lo hube comprendido, mucho antes de tus primeras derrotas ante mí. Comprenderás, entonces, el porqué de mi admiración a Feynman, para quien la realidad es incierta. Y de no serlo, ¿algo puede ser verdadero, si no está rodeado de incertidumbre? Tú eres real, Fernando. Aún así, no tienes porqué conocer cualquier respuesta; ni estar asustado por ignorar tantas cosas y estar perdido en el universo de la ignorancia, como yo.

Peligro

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