Entre otros, García-Legaz, Reverte, Parrilla, Acosta, Morata, Marín, Ruiz Abellán...
Empezó como reflexión acerca de la energía, sus carencias y estrecheces y, de momento, está abierto a todo tipo de conjeturas, a lo que se me ocurra...Aunque eso sí: Agua, Energía y Medio Ambiente, siempre.
jueves, mayo 24, 2007
UN ONCE SENSACIONAL, ¡Y MORATA DE PORTERO!
1959. El semblante serio, como disgustado, del Hermano Víctor (de paisano, José Luis Napal) acompaña a los componentes del equipo de 2ºB, en el patio del Colegio de La Merced (Murcia).MORATA; CASTILLO, MARÍN, L. HERNÁNDEZ; CEBRIÁN , JUÁREZ; GÓMEZ-SÁNCHEZ, REVERTE, RUIZ ABELLÁN, GUILLAMÓN Y EGEA.
Nota.- Hoy, la mayoría de ellos están al borde de los 60 años, ¿y qué pasa?
DERECHOS Y DEBERES
Partiendo del principio, sagrado, de que la normativa debe siempre componer un cuerpo unitario, objetivo y exacto, lo cierto es que nada mejor para hacer uso de ella que su característica principal tenga la posibilidad de que su aplicación posea elasticidad suficiente para adaptarse a los cambios que el proceso social, en continuo trasiego, lleva consigo. Así pues, en el asunto de la vivienda, del suelo y sus valoraciones, hemos transitado a lo largo de diferentes épocas (incluida, desde luego, la correspondiente al franquismo) por los senderos utópicos -pero deseables- que políticos de todo signo han establecido para lograr lo que, ahora constitucionalmente, es el derecho a una vivienda digna por parte de todos. En efecto, desde la ya muy talluda Ley del Suelo de 1956, la invocación obligada a los derechos y deberes de todo ciudadano en relación con la vivienda, hasta la última normativa (1998), aún hoy vigente (al menos hasta el 1 de julio del presente año), ha sido la cuestión prevalente en todas las Exposiciones de Motivos de todas y cada una de las modificaciones habidas en la cuestión que nos ocupa. Pero lo cierto es que "el hombre propone, pero Dios dispone". Así, si hacemos caso de los comentarios que ha suscitado la reciente aprobación de la Ley del Suelo propuesta por el actual gobierno, nos encontramos con valores tópicos que desde luego han figurado, como ya he dicho, en propuestas anteriores: "frenar la espiral de precios desorbitados..."; "la vivienda es el principal problema de los ciudadanos..."; cosas de la transparencia y el control, que corresponden, como todo el mundo bien sabe, a formulaciones -por lo común- calificadas como "políticamente correctas". Y así.En lo personal no creo que la propuesta vigente basada en los Convenios Urbanísticos, y que figuran en la Ley que se deroga, haya sido beneficiosa para el ciudadano. En todo caso, los promotores han tenido un nuevo campo sobre el qué actuar, eso sí, bajo la legalidad innegable de los supuestos normativos, que, la vista está, han propiciado escasos beneficios al segmento de la población más necesitado de favores urbanísticos. Me refiero a la gente joven, cuyos recursos en general no dan para mucho por cuanto el precio de la vivienda se ha disparado. Además, la figura del Convenio Urbanístico ha dado lugar a una cierta "inseguridad programática", por cuanto que el uso y/o abuso de esta técnica ha violentado de alguna manera al control urbanístico que, por encima de todos los controles, debe recaer –siempre- en las decisiones de las respectivas corporaciones municipales. Y otro asunto, no menos importante, que obliga a replantearse los objetivos urbanísticos es el tratamiento actual que, para frenar la escalada de precios, califica como suelo urbanizable a todo aquel suelo que no ha sido calificado por los planes generales como protegidos de alguna manera, encuadrándolos genéricamente como "no urbanizables". Y aquí está la razón por la cual las modificaciones urbanísticas se han hecho obligatorias: no por disponer de más suelo, el precio de éste se ha estabilizado. La verdad es que en materia de urbanismo, los modelos económicos han fracasado, pues ¿qué economista podría negar que aumentos marginales en la oferta, acaso no producen una disminución consecutiva de los precios de mercado? En urbanismo, esto no ha pasado.
En todo caso, espero que el instinto interventor del gobierno en materia de urbanismo no pase de ser (y desde luego no por falta de entusiasmo, de iniciativa y de sentido común) algo así como un ¡viva Cartagena!, entonado ya en pleno siglo XXI. La determinación de fijar un porcentaje tan alto, tan ideal, como es el 30% para usos residenciales amparados por la legislación de viviendas protegidas, tiene todos los visos de fracasar, porque esta obligatoriedad, unida a la posibilidad de que los proyectos urbanísticos se obliguen a ceder al ayuntamiento respectivo hasta un 15% de su aprovechamiento medio, será origen de problemas para los promotores, pues a nadie se le ocurre pensar que los aumentos de los costes en la producción de viviendas caerán sobre sus espaldas. Si algo cuesta lo que cuesta, alguien debe pagarlo. En consecuencia, cargar el coste de los derechos ciudadanos sobre empresarios tiene mala pinta.
Mi pronóstico ante este conjunto de circunstancias no puede ser otro que aquél que nos obligará, pronto, a nuevas modificaciones en materia de Suelo. También, que los perjudicados por la nueva legislación serán aquellos que han acumulado suelo a bajo precio para ponerlo en el mercado. Y por último, ¿tan difícil es estar al acecho de las transacciones que se producen en la venta de terrenos de uso rústico con destino a la construcción de viviendas para poder gravar fuertemente, con todas sus consecuencias, el dinero obtenido por el propietario del terreno rústico agraciado por la lotería de la expansión urbanística? Ahí es donde los ayuntamientos deberían estar presentes para obtener parte de las plusvalías generadas por la venta terrenos. Y, por consiguiente, no tener que tentar la suerte reclamando el 15% de los aprovechamientos adjudicados al promotor, porque éste, ya se ha dicho, de ninguna de las maneras renunciará a parte de su beneficio. Ni mucho menos, perder dinero.
Mayo, 2007. Empresa y finanzas.
SÓLO PALOP, ADEMÁS DE PARARLOS, PUEDE METER GOLES
Un intento, casi imposible, de centrar las cuestiones que interesan al hombre, y no necesariamente a los partidos, me llevan a situarme en el baricentro del triángulo mágico de la sostenibilidad, cuyos vértices son: economía, bienestar y patrimonio natural. Vano intento, por cuanto éstos –los ecologistas- con los que ayer (¿30-40 años?) compartí criterios conservacionistas no dejan que me acerque. Ya no hay tantos 'malos’ enfrentados a la Naturaleza, hay menos. No soy, desde luego, de los que radicalizan sus posturas (aunque son imprescindibles) sino de los que aceptan respuestas 'grises' enmedio del rígido blanco-negro con que se tiñen los debates de los modelos políticos. Ya me gustaría a mí que los ecologistas me tuvieran en consideración, y no como elemento ideal para predicar sus argumentos, al tiempo que me convierten en uno más de los depredadores del territorio que aún pululan por aquí.
La suerte que tenemos los que tomamos parte en la ordenación del territorio, es que los románticos naturalistas, ya caducos allá por los años 60, fueron sustituidos por los ecologistas, menos inmanentes y con mayor capacidad de penetración por entre los misterios de la sociedad. Tal aparición fue muy necesaria. No tanto como sus prédicas actuales que los sitúan en los límites de la sinrazón pues, con alguna reiteración, sus argumentos tienen su fundamento en la descalificación del resto de los mortales. Cada uno tiene su papel y su obligación de desempeñarlo tal y como ordena su propia conciencia. Insisto, el ecologismo debe ser el guardián de la sociedad frente a los desmanes a que ella misma se somete. Pero su conciencia no es universal y descalificante, hay otras conciencias dignas de tener en cuenta. Por ejemplo que si no hay desarrollo económico no es posible predicar la sostenibilidad, y por eso me acuerdo de Burundi, o de la población que no puede alimentarse y cuyos problemas vitales superan a aquellos que proceden de una conciencia ambiental. Si, de acuerdo con los intereses armónicos de los ciudadanos, damos la importancia adecuada a cada uno de los vértices del mágico triángulo de la sostenibilidad, lo normal sería que en el equipo que ha de derrotar a los desmanes de unos y otros, cada uno cumpla con la función encomendada. Así, la ‘defensa’ correspondería a los ambientalistas, el ‘ataque’ a los empresarios democráticos y el ‘centro del campo’, cómo no, a los encargados de repartir equitativamente los beneficios del bienestar social. Con la excepción de Palop (campeón Europa), unos deberán meter los goles, mientras que otros tendrán obligación de evitarlos.
Por fortuna, soy ingeniero de caminos. De acuerdo con ello, entiendo que la Naturaleza, en su configuración inicial, careció de caminos, canales y puertos. Entiendo la práctica de mi profesión como un intento de 'apropiación', digamos poética, de la propia Naturaleza para corregir aquellas iniciales carencias, al objeto de que la vida cotidiana del hombre no sea una tragedia (algo de huella ecológica dejamos, siempre, en nuestras actuaciones: el hombre -y los animales- es por naturaleza depredador). Nada más. Y ello es compatible con el mantenimiento de políticas eficientes en la Ordenación del Territorio, sin necesidad de acudir a la radicalidad de ese vértice del patrimonio ambiental, tan invocado y venerado -tótem sagrado- por sus defensores, quienes, desde luego, no son héroes sino una parte más del conjunto de 'agentes' que buscan soluciones para la gran cuestión: ‘QUÉ TERRITORIO’.
La verdad, mayo 07
jueves, mayo 17, 2007
EL GRIS VERSUS BLANCO-NEGRO
Un intento, casi imposible, de centrar las cuestiones que interesan al hombre, y no necesariamente a los partidos, llevan a situarme en el baricentro del triángulo mágico de la sostenibilidad, cuyos vértices son: economía, bienestar y patrimonio natural. Vano intento, por cuanto éstos con los que ayer (¿30 años?) compartí criterios conservacionistas no dejan que me acerque. Ya no hay tantos 'malos´enfrentados a la Naturaleza, hay menos. No soy, desde luego, de los que radicalizan sus posturas (aunque son imprescindibles) sino de los que aceptan respuestas 'grises' enmedio del rígido blanco-negro con que se tiñen los debates de los modelos políticos. Ya me gustaría a mí, que los ecologistas me tuvieran en consideración, y no como elemento ideal para predicar sus argumentos, al tiempo que me convierten en uno más de los depredadores del territorio que aún pululan por aquí.
Por suerte, soy ingeniero de caminos. De acuerdo con ello, entiendo que la Naturaleza, en su configuración inicial, careció de caminos, canales y puertos. Entiendo la práctica de mi profesión como un intento de 'apropiación', digamos poética, de la propia Naturaleza para corregir aquellas iniciales carencias, al objeto de que la vida cotidiana del hombre no sea una tragedia. Nada más. Y ello es compatible con el mantenimiento de políticas eficientes en la Ordenación del Territorio, sin necesidad de acudir a la radicalidad de ese vértice del patrimonio cultural, tan invocado y venerado -totem sagrado- por sus defensores, quienes, desde luego, no son héroes sino una parte más del conjunto de 'agentes' que buscan soluciones para la gran cuestión: ´QUÉ TERRITORIO'.
Respecto a Marina de Cope, me vuelvo cartesiano: los bárbaros del Norte, huyen del frío. Es natural prestarle cobijo (igual que, en otro sentido, a los inmigrantes). Este es un movimiento imparable. La Región tiene 'clima', y esto es lo que podemos vender de una forma razonable (sostenible, dirían todos). Resulta sorprendente, con la que está cayendo, que el litoral de Murcia, tras el de Asturias, es el menos 'trabajado' de España. Algo de desarrollo, por tanto, debe admitirse. 0,14 m2/m2 es una edificabilidad que como poco está muy por debajo de los límites reglamentarios por los que se fija la 'edificabilidad baja'.
Algo de huella ecológica dejamos, siempre, en nuestras actuaciones. El hombre (y los animales) es por naturaleza depredador. Bueno sería que los conservacionistas hicieran gala de cierta flexibilidad y dejaran la política...para los políticos.
He incluido entre mis links, la página www.um.es/eubacteria/marinadecope.html de mis amigos bacterianos.
miércoles, mayo 16, 2007
LA RÉPLICA (TIERNA Y CON RÁBANO SIN HOJAS)
Incluyo, como elemento positivo y muy a mi favor, este artículo, publicado por La verdad, que pretende ser una réplica a mi insinuación omeya (véase estirpe) acerca del fundador de la ciudad de Murcia, Abderramán II. Réplica fallida, pues mis dos tesis planteadas: 1.- No daré crédito alguno al movimiento ecologísta murciano hasta tanto en cuanto critique (con intensidad séxtupla) la reserva del Ebro, en cantidad de 6550 hm3, para 'uso exclusivo de los aragoneses'. Y 2.- La libertad de cátedra es todo un campo abierto para hacer política con marcados tintes muy, muy determinados.
Comprenderán mis queridos aprendices de polemistas, además, otras dos cosas: 1.- No puedo perder el tiempo rebatiendo estúpidos argumentos (¿de Laboratorio?). 2.- No por no ser ecologístas, los no ecologístas somos, todos, muy malos, malísimos.
CODA. Aprovecho la ocasión para agradecer la aparición de los ecologístas, hace más de 30 años, pues gracias a ellos, los desmanes desarrollistas sin cuento tuvieron su merecido freno y dejaran de hacer goles . Hoy, las cosas son diferentes: hay casi tantos buenos como malos; por eso no estaría mal para el ciudadano que, además de los ambientalistas, otros puedan meter goles (siempre y cuando no estén fuera de juego).
¡A las defensas, pues, ecologistas independientes.., y no tanto! Pero ni miento, ni manipulo.
LA TRIBUNA DE 'LA VERDAD, 15 de mayo, 2007
Juan, dile a Abderramán que ya puede bajar del monte (I et non plus)
DAVID SAURA LÓPEZ, JOSÉ ROBLES LÓPEZ E IGNACIO SOTO MOLINA/
El 2 y el 3 de mayo, en esta misma sección, se publicaron dos artículos consecutivos de mano del decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, el señor Juan Guillamón Álvarez, bajo el título Dile a Abderramán que haga su palacio en el monte (I y II). En el primero de ellos se nos aludía de forma directa, por lo que hemos creído conveniente contestar.Esta alusión llega en forma de ataque malintencionado, ya que se nos acusa de no tener criterio propio por compartir la opinión de Miguel Ángel Esteve, profesor de Ecología de la UMU, y para justificarlo nombra a sólo uno de nosotros (Ignacio Soto), alumno suyo, obviando al otro autor (José Robles), periodista, licenciado en Madrid y que no tiene el placer de conocerle. Deducimos que sólo así podía sustentar su «hipótesis de la secta ecologista».Asimismo afirma que los ecologistas están comprometidos con una opción política determinada y para argumentarlo cita al profesor Esteve « claro que en Murcia es posible un desarrollo sostenible, sólo hemos de cambiar de gobierno». Sin embargo, el señor Guillamón, que asegura no mentir ni manipular, olvidó mencionar lo que seguía: «Este cambio es condición necesaria y, aunque no es garantía suficiente (realmente de lo que hay que cambiar es de modelo de crecimiento), facilitará mucho las cosas para que lo sea»; por lo que nos da la impresión de que lee hasta donde quiere leer e interpreta lo que desea interpretar.Otro ejemplo de esta no manipulación es la cita que hace de la ecóloga Vidal-Abarca de la que destaca que no se debe extraer de un río más del 6% de sus recursos hídricos en la desembocadura con el fin de no alterar su función natural, justificando que parte de este 6% podría venir a la Región. Señor Guillamón, el río Ebro cuenta ya con 180 presas en su cuenca, 8 trasvases y alguno más propuesto. Los recursos hídricos superficiales suponen de media 18.217 Hm3, de los cuales, las demandas (lo que ya se extrae) suponen un 40% o más (CHE, usos del agua), por lo que ese 6% queda bastante superado. Por tanto los 1.050 hm3 que se pretendían trasvasar supondrían otro 5% a añadir a este alto porcentaje ¿o es que siempre se puede extraer un 6% de cualquier río sea cual sea su estado? ¿Del Segura también?No contento con ello justifica la conveniencia del trasvase derogado con la reserva hídrica para Aragón y con las recientes inundaciones. Las inundaciones son situaciones de emergencia, consecuencia de fenómenos meteorológicos puntuales, durante las cuales es tremendamente difícil obtener agua para trasvasar. Consideramos poco acertado este argumento que relaciona estas eventualidades con el trasvase, ya que estas estructuras, hasta donde nosotros (que no somos ingenieros de Caminos) entendemos, no sirven para evitarlas.En cuanto a los 6.550 Hm3 de reserva exclusiva para Aragón, y al órdago que lanza este ingeniero a los ecólogos y ecologistas para que «pongan en solfa la cuestión de la reserva hídrica aragonesa», diremos que es descorazonador que muchos políticos (de todos los colores), promotores y personas afines (Guillamón et col.) propongan, aprueben y defiendan proyectos altamente insostenibles y sustentados en intereses económicos no generales, y cuando se les han acabado los argumentos para defendernos recurran al -como los de allí lo hacen, nosotros también tenemos derecho a hacerlo-.Esta forma insostenible de pensamiento la trató de manera genial Garret Hardin en su artículo La Tragedia de los Comunes, publicado en Science en 1968, que explica la sobreexplotación de los bienes públicos de propiedad común (en este caso el Ebro) por el hecho de que todos los agentes económicos tienden a exprimir cada vez más el recurso teniendo la seguridad de que los demás harán lo mismo. Esto lleva a beneficios individuales a corto plazo y la ruina irreversible y anunciada a medio y largo plazo.Posiblemente no existiría una oposición tan frontal al trasvase si nuestra Región no sufriera un modelo de crecimiento (que no de desarrollo) depredador hasta el límite de recursos y agresivo con el territorio, basado en el monocultivo del ladrillo. Existe un término en Economía denominado Coste de Oportunidad que viene a decir (en este caso) que si dedicas agua a plantar ladrillos tendrás que quitársela a los tomates. De ahí que suene a fraude pedir agua para los agricultores cuando se pretende duplicar el número de viviendas actuales la Región y triplicar su población (suponiendo que las viviendas sean para que la gente viva en ellas, claro, y no para amasar billetes) en no más de treinta años.Respecto a su investigación que concluye que las sardinas y boquerones no dependen de los aportes del Ebro; señor Guillamón, investigan los investigadores, como Charton, usted se documenta y es muy osado afirmar que estas especies no dependen del río que aporta los nutrientes básicos de la cadena trófica de la que forman parte.En relación a la apropiación por parte de los ecologistas del término sosteniblididad, señor Guillamón, en ninguna de las herramientas de ordenación territorial aprobadas en Murcia por el PP desde la desgracia de la Ley del Suelo se ha aplicado este término con propiedad. El adjetivo sostenible implica no poner en peligro el derecho de los futuros murcianos a vivir, a disfrutar de lo mismo que nosotros disfrutamos hoy, y a desarrollarse saludablemente. Por el contrario, el gobierno regional parece haber adquirido el programa Microsoft Sostenible, que inserta este adjetivo cada 20 palabras en cualquier texto, pero no por ello hace que lo que en él se diga lo sea de verdad.Y como dijo Forrest Gump, del que ninguno de nosotros hemos sido alumnos: no tenemos nada más que decir sobre esto.
Juan, dile a Abderramán que ya puede bajar del monte (I et non plus)
DAVID SAURA LÓPEZ, JOSÉ ROBLES LÓPEZ E IGNACIO SOTO MOLINA/
El 2 y el 3 de mayo, en esta misma sección, se publicaron dos artículos consecutivos de mano del decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, el señor Juan Guillamón Álvarez, bajo el título Dile a Abderramán que haga su palacio en el monte (I y II). En el primero de ellos se nos aludía de forma directa, por lo que hemos creído conveniente contestar.Esta alusión llega en forma de ataque malintencionado, ya que se nos acusa de no tener criterio propio por compartir la opinión de Miguel Ángel Esteve, profesor de Ecología de la UMU, y para justificarlo nombra a sólo uno de nosotros (Ignacio Soto), alumno suyo, obviando al otro autor (José Robles), periodista, licenciado en Madrid y que no tiene el placer de conocerle. Deducimos que sólo así podía sustentar su «hipótesis de la secta ecologista».Asimismo afirma que los ecologistas están comprometidos con una opción política determinada y para argumentarlo cita al profesor Esteve « claro que en Murcia es posible un desarrollo sostenible, sólo hemos de cambiar de gobierno». Sin embargo, el señor Guillamón, que asegura no mentir ni manipular, olvidó mencionar lo que seguía: «Este cambio es condición necesaria y, aunque no es garantía suficiente (realmente de lo que hay que cambiar es de modelo de crecimiento), facilitará mucho las cosas para que lo sea»; por lo que nos da la impresión de que lee hasta donde quiere leer e interpreta lo que desea interpretar.Otro ejemplo de esta no manipulación es la cita que hace de la ecóloga Vidal-Abarca de la que destaca que no se debe extraer de un río más del 6% de sus recursos hídricos en la desembocadura con el fin de no alterar su función natural, justificando que parte de este 6% podría venir a la Región. Señor Guillamón, el río Ebro cuenta ya con 180 presas en su cuenca, 8 trasvases y alguno más propuesto. Los recursos hídricos superficiales suponen de media 18.217 Hm3, de los cuales, las demandas (lo que ya se extrae) suponen un 40% o más (CHE, usos del agua), por lo que ese 6% queda bastante superado. Por tanto los 1.050 hm3 que se pretendían trasvasar supondrían otro 5% a añadir a este alto porcentaje ¿o es que siempre se puede extraer un 6% de cualquier río sea cual sea su estado? ¿Del Segura también?No contento con ello justifica la conveniencia del trasvase derogado con la reserva hídrica para Aragón y con las recientes inundaciones. Las inundaciones son situaciones de emergencia, consecuencia de fenómenos meteorológicos puntuales, durante las cuales es tremendamente difícil obtener agua para trasvasar. Consideramos poco acertado este argumento que relaciona estas eventualidades con el trasvase, ya que estas estructuras, hasta donde nosotros (que no somos ingenieros de Caminos) entendemos, no sirven para evitarlas.En cuanto a los 6.550 Hm3 de reserva exclusiva para Aragón, y al órdago que lanza este ingeniero a los ecólogos y ecologistas para que «pongan en solfa la cuestión de la reserva hídrica aragonesa», diremos que es descorazonador que muchos políticos (de todos los colores), promotores y personas afines (Guillamón et col.) propongan, aprueben y defiendan proyectos altamente insostenibles y sustentados en intereses económicos no generales, y cuando se les han acabado los argumentos para defendernos recurran al -como los de allí lo hacen, nosotros también tenemos derecho a hacerlo-.Esta forma insostenible de pensamiento la trató de manera genial Garret Hardin en su artículo La Tragedia de los Comunes, publicado en Science en 1968, que explica la sobreexplotación de los bienes públicos de propiedad común (en este caso el Ebro) por el hecho de que todos los agentes económicos tienden a exprimir cada vez más el recurso teniendo la seguridad de que los demás harán lo mismo. Esto lleva a beneficios individuales a corto plazo y la ruina irreversible y anunciada a medio y largo plazo.Posiblemente no existiría una oposición tan frontal al trasvase si nuestra Región no sufriera un modelo de crecimiento (que no de desarrollo) depredador hasta el límite de recursos y agresivo con el territorio, basado en el monocultivo del ladrillo. Existe un término en Economía denominado Coste de Oportunidad que viene a decir (en este caso) que si dedicas agua a plantar ladrillos tendrás que quitársela a los tomates. De ahí que suene a fraude pedir agua para los agricultores cuando se pretende duplicar el número de viviendas actuales la Región y triplicar su población (suponiendo que las viviendas sean para que la gente viva en ellas, claro, y no para amasar billetes) en no más de treinta años.Respecto a su investigación que concluye que las sardinas y boquerones no dependen de los aportes del Ebro; señor Guillamón, investigan los investigadores, como Charton, usted se documenta y es muy osado afirmar que estas especies no dependen del río que aporta los nutrientes básicos de la cadena trófica de la que forman parte.En relación a la apropiación por parte de los ecologistas del término sosteniblididad, señor Guillamón, en ninguna de las herramientas de ordenación territorial aprobadas en Murcia por el PP desde la desgracia de la Ley del Suelo se ha aplicado este término con propiedad. El adjetivo sostenible implica no poner en peligro el derecho de los futuros murcianos a vivir, a disfrutar de lo mismo que nosotros disfrutamos hoy, y a desarrollarse saludablemente. Por el contrario, el gobierno regional parece haber adquirido el programa Microsoft Sostenible, que inserta este adjetivo cada 20 palabras en cualquier texto, pero no por ello hace que lo que en él se diga lo sea de verdad.Y como dijo Forrest Gump, del que ninguno de nosotros hemos sido alumnos: no tenemos nada más que decir sobre esto.
David Saura López es licenciado en Ciencias Ambientales, José Robles López es periodista e Ignacio Soto Molina es estudiante de Ciencias Ambientales.
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