España
es la que pierde, sin duda. Después de dar por terminado el muy encendido
‘combate’ en torno al Trasvase del Tajo, lo que es seguro es que España ha
perdido. Tengo el intelectual convencimiento de que el acuerdo alcanzado tiene
un carácter exclusivamente político. Alguien se preguntará, ¿y qué, no éste el
fin de la política poner de acuerdo a quienes discrepan? Naturalmente que sí,
solo que en aquellos casos en donde el problema real existe y no en los que se
inventa (más o menos aquello de que no es lo mismo resolver un problema que
crearlo cuando existe solución). El asunto del Agua en España ha perdido todo el
valor objetivo que debiera tener; es una cuestión lamentablemente fabricada por
los políticos de unos y otros territorios y de unos y otros partidos. Según les
vaya. Si nos atenemos al periodo democrático, las arengas de Bono al pueblo manchego, poniéndolo encendido
y fanático (perdón) frente a la ‘afrenta’ del pueblo levantino que les arrebata
el Agua, supone el primer episodio de una desgraciada guerra cuyos fines no son
más que electorales. Bono es el proto inductor del caos hídrico que estresa el
sano juicio hidráulico español. Después ha venido todo lo que vino y lo que
queda por venir.
Las
razones de unos y otros en torno al Acuerdo son plausibles si de atenerse al
campo político se trata. Dos territorios se enfrentan. Levante y Murcia de un
lado, y de otro Castilla La Mancha. Éste pretende suprimir el TTS, aquéllos que
se mantenga aunque sea en las mínimas condiciones de subsistencia. Hay que
ceder pero, ¡por cuestiones políticas! Cospedal necesita una justificación; Valcárcel y Fabra, otra. La solución es cortar de modo que se encuentre el
imposible equilibrio entre unos y otros. Biólogos, agricultores, economistas,
ingenieros.., deberán abstenerse de dar su profesional visto bueno a este Acuerdo,
pues no es cosa de ellos, es cosa de intereses políticos de cierta y siniestra
prefabricación. España pierde; su economía, digamos, es la perdedora. Para el
biólogo, un m3/s de agua es el biotopo donde una determinada biodiversidad es capaz de desarrollarse. Para el
agricultor, una hila que da para regar más de cinco mil Has en un año. Para el
economista, un input capaz de generar una riqueza marginal y renta
descomponible. Para el ingeniero, 30 Hm3 regulables y repartibles entre
abastecimiento, industria, agricultura y ocio. Y, entre todos, hacen del Agua
un uso sostenible para la ciudadanía en general. En cambio para un político
(permítaseme generalizar para hacer coherente mi individual discurso respecto a
este asunto tan concreto, sin ánimo de molestar ni mucho menos de pontificar) ese
m3/s no es más que el instrumento por el que se puede ganar o perder un montón
de miserables votos. Y más en esta podrida España plural en donde lo que
beneficia a unos perjudica a otros sin conmiseración. Esta España plural a la
que algunos, sin vergüenzas, la quieren federal, como si el federalismo no
fuera, con exactitud, el acuerdo de territorios distintos que se unen para
obtener un beneficio común. Vaya, todo lo contrario de lo que los políticos
catalanes (casi todos) pretenden: desunión y que cada cual se busque su
objetivo como mejor pueda.
Resulta
terrible que cuando se habla en España de acuerdos, se tienen por
circunstancias las más agresivas que proceden de los territorios animados por
sus políticos interesados. No me extraña que en plena Crisis estas cuestiones
territoriales sean las que más incitan al ciudadano al desprecio con que somos
mirados los políticos. Incoherencias, unas tras otras. A veces hasta ridículas. Ésta, por ejemplo:
¿no resultan esperpénticas las declaraciones, acerca del Acuerdo de marras, de
los portavoces socialistas de uno y otro de los territorios enfrentados si las
examinamos en su conjunto? Son tan antagónicas que no me queda otro remedio que
pensar que creen que los ciudadanos somos tontos del culo. Al menos, los
portavoces del PP, no menos esclavos de su penosa disposición territorial,
tienen su coherencia.
Desde
que, allá por el siglo XVII, Paz o Acuerdo que se firmaba en Europa a España le
tocaba ‘palmar’, ahora en avanzado siglo XXI, la cosa sigue igual. Solo que el
enemigo, rival u oponente, está en casa.
LA VERDAD, MARZO 2013