Ese hombre estuvo postrado más
tiempo del debido carente de cuidados por causa de ciertas inconveniencias. Tuvo,
más tarde, que ingresar en la UVI. Allí no hizo sino curarse, bien atendido por
médicos severos y eficientes. Mientras curaba sus heridas su negocio se venía
abajo lo cual alimentaba su impaciencia. Dispuso dos o tres mensajes –muy duros
de contenido- para frenar el desastre que se venía venir. Al tiempo hubo de soportar
la amputación de algunos de sus miembros y lo hizo con resignación. Hoy, ha
salido de la UVI y ya está en planta. Aunque no puede andar aún, confía en
futuro. Que no será ya como antes pero sí venturoso. Lo peor de todo es que
quienes no se apresuraron para su curación, hoy le echan en cara lo mal que va
su negocio.
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