Guillamón Sostenible

Guillamón Sostenible
Lo que no está rodeado de incertidumbre, ¡no puede ser verdad! Richard Feymann.

martes, septiembre 25, 2007

De Zaragoza vengo y con Rahola voy (en tren)


A 250 Km. /h. se pierde la oportunidad de disfrutar de las ventajas que ofrece un viaje en tren. Así, para llegar a Zaragoza desde Madrid son apenas 80 los minutos de que dispone un viajero (entusiasta del tren) para disponer las cosas tal que permitan un descanso por entre las procelosas aguas que confunden nuestros cotidianos quehaceres. Sin embargo, todo es posible en Zaragoza. Confieso que una vez en ese frío y lamentable almacén que es la estación de Delicias estimé por oportuno que a lo largo de mi corta estancia en la ciudad aragonesa nadie tuviera noticia de mi procedencia: Murcia, ¿me gritarían? Pues no. En general, el aragonés -si no le tocan las pelotas del alma- es un tipo tranquilo; otra cosa es su tozudez cuando se siente agredido, y en esto del Agua el pueblo baturro tiene el absoluto convencimiento de que aquéllos que osan mentar el Ebro como abastecedor de otras tierras son poco menos que franceses invasores. Y este convencimiento es total. A pique estuve yo de traer para Murcia un letrero en donde figurara esta frase: “ no os canséis, levantinos, nada hay que hacer”. No importa que haya razones suficientes para que pudiera existir un consenso hidráulico, en este asunto, social (no ya científico) y territorial, pues Zaragoza respira por todos sus costados como un día respirara Agustina de Aragón frente a los franceses. Estoy por rendirme, me dije en un determinado momento, mientras cenaba en esa maravilla, mitad museo mitad bodega que es Casa Montal y, sobre todo, tras leer en uno de los muchos murales que adornan el establecimiento esta arenga “Zaragozanos: la historia recuerda brillantes epopeyas con las cuales salvasteis la independencia de la Patria…”. Esta frase tanto pudo servir para enardecer a Agustina y excitar el sentido histórico de los aragoneses para salvar la mudéjar Torre Nueva como para aglutinar voluntades entorno a las barricadas hidráulicas que han sido alentadas por los despropósitos de la actual política hidráulica. Durante la cena un amable camarero estuvo pendiente de mí de tal suerte que mi vaso de agua siempre estuvo lleno. Como persona educada y agradecida que soy, tras los postres, agradecí la calidad de su servicio y, tentando a la suerte, puse en su conocimiento que yo era de Murcia. Se acabaron las buenas sensaciones. Me dijo, incómodo y textual: “¿porqué no hacen una estación depuradora en Murcia, se gastan 30.000 millones y así pueden regar los campos de golf?”. No me gritó.
Regreso de Zaragoza y en el tren -repasando los periódicos que amablemente la azafata pone en disposición de los pasajeros- encuentro un artículo firmado por Pilar Rahola. En él pude leer: “… El símbolo de la corona que ostenta el rey tiene que aguantar incluso la falta de respeto de los que no la defienden. Así lo exige la democracia y así lo exige la libertad.” Pero, ¿esto qué es?, ¿la democracia vale para que yo puede insultar a esta política desfasada y esté autorizado para insultarla llamándola estúpida, sobrada, pretenciosa y gilipollas, por demás republicana? No, yo creo que la misión de la democracia es muy otra y tiene su base en la defensa de las libertades que consagra el respeto a los demás. En este sentido puedo celebrar el distinto modo en que mi amigo Cecilio Hernández pone de manifiesto su sentimiento republicano: cada año, cada 14 de Abril reúne a sus amigos para conmemorar la efeméride con un soberbio desayuno. Esta manifestación, sin duda es más educada y democrática que los gargajos de la engreída y tonta (dicho esto democráticamente) Rahola. No creo que quemar una bandera o una foto del Rey pueda ser positivo bajo ningún punto de vista (ni, por supuesto, el democrático) para nadie, ni siquiera para los estúpidos. Las faltas de educación no tienen sentido positivo alguno. No sería yo capaz de destrozar fotografía alguna ni de Pablo Iglesias ni de Arias Navarro pues tengo la conciencia de que es posible que algún militante político dispusiera de una en su mesilla de noche. Tengo por seguro que, de lo contrario, no sería ni educado ni demócrata. Tras mi dilatado regreso desde Zaragoza hasta Murcia, utilizando aviones, taxis, metros y trenes, encuentro la opinión de un colega columnista que manifiesta esto, aproximadamente: “quemar públicamente fotografías del rey es una gamberrada que sólo puede afectar a viejecitas impresionables”. Y yo qué, ¿soy la excepción que confirma tal supuesta regla?

Vamos a ver si es posible que nos organicemos todos y no perdamos el norte porque, ¿no sería mejor observar los asuntos con imparcialidad y definirnos acerca de ellos con objetividad? Pues parece que no pero, en todo caso, viaje, lector, en tren. Por lo agradable e instructivo que es.

MÁS TALENTO, MÁS CIENCIA, MÁS TECNOLOGÍA, MÁS…DE TODO, Y MENOS POLÍTICA




Con toda seguridad no merece consideración alguna que desde el campo político alguien se arrogue cualquier éxito extraordinario no demasiado digno de mención. Por el contrario, los descubrimientos científicos acaparan mi curiosidad y llego, sin dificultad alguna, al punto de admirar, como algo sublime, esos descubrimientos que más tarde o más temprano darán lugar a una tecnología que, sin duda, cambiarán para mejor nuestros opciones de vida. Por ejemplo, mucho más asombroso que cualquier supuesto logro político de esos que, como las gallinas cantan al poner el huevo, se transmiten sin decoro alguno por los portavoces políticos, es admitir como cercano al milagro por el que, hace casi 180 años, un tal Avogadro fuera capaz de contar el número de moléculas que se contienen en un mol de gas, precisando tal número en algo así como “más de seis veces la potencia 23 de 10” (¡¡). Esto es impresionante, pero es la ciencia, señores. La ciencia que extiende sus bases sobre la incertidumbre y que una vez encontrada la solución, ésta ya no es discutible. Todo lo contrario de lo que sucede en la denominada ciencia política donde todo, además del inevitable sesgo sectario, depende del territorio, de la persona y de las intenciones con las que se denuncia un principio dirigido –a veces, con nobleza- a satisfacer las necesidades de personas integradas en una determinada sociedad. Todo es relativo en la política y sin embargo ésta formula sus tesis siempre como algo absoluto y, sin empacho alguno, sustenta sus teorías (también de modo absoluto) en determinadas cuestiones científicas manejadas discrecionalmente y sometidas al propio sentimiento.

(un ejemplo bien explícito que nos aclara las discordancias existentes entre ciencia y política puede verse en el planteamiento de la actual política hidráulica en donde –sobre todo, unos- se manejan datos científicos con verdadera desvergüenza y siempre con miras a justificar determinadas actitudes injustas y embusteras; las razones esgrimidas para derogar el trasvase del Ebro han tenido ropaje científico y datos discutibles: “si a los números los torturamos suficientemente, al final cantarán y nos darán la razón”)

Creo en la ciencia, en su descendiente más útil: la técnica, y creo por tanto que sus conclusiones tecnológicas van, imparcialmente, siempre a mi favor. Es necesario que la política abra los caminos para que la ciencia pueda progresar (¡de ella dependemos!)

Por eso, la conveniencia de que en nuestra región proliferen parques científicos dispone de gravedad (en sentido newtoniano) suficiente. Después, la tecnología apuntada por las investigaciones habidas en estos parques debe descubrir y desarrollar sus campos de actuación en los denominados parques tecnológicos, de importancia capital para obtener sinergias en el desarrollo empresarial. Precisamente, y después, los parques empresariales deben establecerse en función de los anteriores y muy ligados a estos, no solamente en cuanto a situación geográfica sino también en cuanto a los objetivos por cumplir

En fin, si además de transitar por este itinerario propuesto para estos centros de progreso (parques científicos, tecnológicos y empresariales) somos capaces de incorporar a tal proceso a las distintas universidades murcianas (UMU, UCAM y Politécnica de Cartagena), habremos cerrado el circuito de manera acertada y por ello estaremos en condiciones de recibir mejores productos que aquellos que proceden exclusivamente de las promesas políticas. Inversiones tecnológicas basadas en la interpretación imparcial de la ciencia harán mejores nuestras condiciones de vida, seremos capaces de establecer pautas sostenibles (con argumentos suficientes ecológicos y alejados de esa nueva ciencia o religión llamada ecologismo cuyas propuestas aparecen siempre mezcladas en un espeso laberinto de idas y venidas, ora políticas, ora científicas) en nuestro desarrollo y, en consecuencia, nuestro futuro será mejor.

Las autoridades regionales tienen la palabra, porque –sépanlo todos-las inversiones en talento, en cultura y en ciencia son las más rentables.

Juan Guillamón. La economia.com
Murcia, sept. 2007.

miércoles, septiembre 19, 2007

NATURALEZA, CAMINOS, CANALES Y PUERTOS.

En Madrid, 18 septiembre, en el salón de Actos de la ETSICCP. de Madrid, les indico a los futuros alumnos de 1º la importancia de los ingenieros de caminos y los derroteros por donde debería discurrir el futuro de la ingeniería civil.




Salón de Actos de la Escuela.






Y, todos juntos, celebrando la obtención de nuevas y objetivas enseñanzas de la ciencia ingenieril.


PRIMERO, LOS LIMITES TERRITORIALES






Ni siquiera la pasividad indignante con que las autoridades catalanas actúan ante el indecente hecho de la quema de imágenes reales me conmueve tanto como algunas de las vicisitudes que este verano, que fenece, se han producido en torno al recurrente tema del Agua. Y tomo como referencia precisamente la visita que José Blanco la semana pasada realizó a esta región. Ya estamos acostumbrados a que desde el partido gubernamental se acuse (sobre todo en el caso de Murcia) al PP de estar utilizando la cuestión hídrica para ganar votos. Es ésta una maldad de corte científico impresentable, porque el hecho objetivo es que -en todo caso- hay un partido que defiende mejor que otro las bondades hidráulicas que den vida, cuando no dosis de supervivencia, a nuestras potencialidades. Jamás daré crédito a peregrinas intenciones que llevan a la simplificación tremenda tal que quien piense que el programa AGUA no es de su agrado, consecuentemente es de derechas. Y, al contrario, quien tome postura por aceptar que la derogación del trasvase del Ebro es lo mejor que le puede pasar a la Región, se convierte en un verdadero hombre de izquierdas. Semejante disparate no tiene mayor justificación que el producto resultante de imponer la categoría política, implacable, sobre la científica. Y Blanco ahora, después de haber acusado al PP de haber utilizado el agua como arma política, se sube al carro diciendo que las discrepancias de tal partido en zonas tan diferentes y distintas como Castilla-La Mancha y Murcia van a tener nefastas consecuencias electorales para el PP. Estupidez extraordinaria la de este político gallego (cuya cara parece más la de uno de esos frailecillos que anidan en la ría de Noya que la de un alto cargo del PSOE), porque, ¿qué decir, entonces, de los puntos de vista que Barreda y Saura mantienen respecto al Tajo? ¡Ni que fueran coincidentes! Claro que no ‘es esto, no es esto’; el asunto que debería poner de acuerdo a todos está en el Ebro.

También, este verano, la prudente ministra Narbona ha utilizado un nuevo argumento (en general, la actitud de esta mujer es inasequible al desaliento; si un argumento no vale para convencer, se busca otro. y así sucesivamente: cualquier cosa menos dar el brazo a torcer) basado en algo así como que el PP nos quería envenenar con el trasvase del Ebro pues ya existía un informe del año 1988 en donde se apercibía de tal coyuntura venenosa. Si esto es así, la ministra prudente debería ser acusada de envenenadora pues en 1993 tuvo parte activa en la formulación de un PHN que contenía un gran trasvase desde el Ebro hasta el sur mediterráneo. En política todo vale. Y recuerde el lector que mientras la ciencia establece sus bases sobre la incertidumbre, la política lo hace sobre cuestiones absolutas; por eso, no es de extrañar que algunos diletantes pongamos en duda toda aquella decisión política que pretende justificarse supuestamente en la ciencia.

En este trajín político, la puesta en marcha de una magnífica obra hidráulica como es la denominada Bitrasvase Besaya-Ebro-Pas ha significado un nuevo debate entre los dos partidos principales. El PP discute la decisión del Gobierno por hacer un trasvase allí y no aquí (alimentando el ya clásico debate sobre la España húmeda y la seca) mientras que el PSOE justifica el proyecto mediante la muy peregrina teoría de que en realidad el trasvase no es tal porque el agua retorna a la misma cuenca de la región (Cantabria) de la que sale, lo cual no es cierto físicamente y además -por aquello de seguir insistiendo en la estupidez hidráulica que nos ha de llevar hasta la total desmembración de los logros alcanzados en España en su actitud decididamente partidaria de la gestión unitaria de cada Cuenca a despecho de la gestión territorial, ahora muy estimada para la España comunitaria- una parte pequeña de la zona inundada por el embalse del Ebro pertenece a Castilla–León (¡¡). Por consiguiente, quienes justifiquen determinados trasvases por la razón de que el agua no sale del territorio administrativo de una comunidad autónoma merecen el calificativo de apóstatas de los valores hidráulicos que hicieron de España un modelo a imitar en la gestión hidráulica, gestión que nos ha llevado ni más ni menos que a multiplicar por cinco la dotación para cada ciudadano (lo cual no quiere decir que el modelo deseable a partir de ahora -véase la DMA, por ejemplo- no ha de tener como usuario genuino el medio ambiente).

Mi opinión respecto al trasvase norteño del Ebro es muy positiva, pues a nadie razonable se le podría ocurrir acumular el agua en ninguno de los bellísimos valles cántabros so pretexto de garantizar el suministro de agua potable a los municipios costeros. En este punto, la Hidráulica se hace imprescindible; además, ni Bárcena, ni Los Corrales de Buelna, ni Torrelavega ni Suances, por la parte del Besaya; ni Ontaneda, ni Alceda, ni Puente Viesgo, por cuenta del Pas, pondrán reparo alguno a esta obra hidráulica.

Nota 1.- Al dirigente político socialista murciano que, este verano, se refirió al boro como microorganismo, con toda modestia le recomiendo que, en lo sucesivo, sus referencias al citado elemento químico tome por bueno citarlo como micro-in organismo ó (mejor) microelemento.

Nota 2.- - Las renuncias tanto de Rosa Díez como de Imaz han resultado ser balsámicas para actitudes como la mía. Lo que agradezco, pues estaba en un tris de aceptar que la mía, respecto a la España plural, era producto de una crispación fachosa derivada de una carquez para mí desconocida).
JUAN GUILLAMÓN
Murcia, 15 septiembre, 2007.

miércoles, septiembre 05, 2007

ALREDEDOR DEL PROPIO OMBLIGO





La cualidad de independiente, en sentido estricto, es difícil aplicarla a nadie. En realidad dependemos no sólo de nosotros sino de nuestras propias circunstancias. Es más, puedo afirmar que las vidas de cada individuo son como un viaje permanente alrededor del respectivo ombligo. Si todo gira alrededor de él, no hay problema; en caso contrario, la historia demuestra que es otro cantar. Debemos, por tanto, mostrar comprensión infinita para juzgar las actitudes de nuestros semejantes, pues éste o aquél comportamiento improcedente por parte del prójimo acaso tenga justificación en mérito a determinadas circunstancias locales que no son precisamente fáciles de tomar en consideración y que le afectan muy en profundidad. O sea, que no son independientes. Nadie lo es. Sostienen ( y sostengo) que el individuo es preferentemente un ser egoísta. Este es el punto de partida. Más o menos. Incluso que está dispuesto a que perezca todo el mundo con tal de que él (el individuo) pueda tomarse su café sin problemas.
Si damos por buena la sociología que recomienda nadar y guardar la ropa observaremos que, en efecto, la acción de custodia representa una parte muy importante del impulso de cada uno: Guardar la ropa bien y después, si acaso, nadar. Con la corriente a favor y muy pendiente de la orilla: el ombligo protegido. Ni que decir tiene que entiendo (fui un estudioso aplicado, ayer) la actitud constante de los políticos cuando mueven el culo para hacer cosas. El movimiento se produce sólo y cuando se tiene seguridad de haber guardado la ropa en lugar seguro. Y aunque no sea fácil guardar cosas cuando uno se ve metido de lleno en el complicado mundo de la política, el esfuerzo hay que hacerlo. Al político sobre todo le interesa ganar (guardar la ropa), no sólo a nivel individual sino también a nivel global, pues si no gana "su partido" es tanto como una derrota individual. Por tanto, primero ganar y después, si se puede, hacer cosas (nadar): legislar, gobernar y corregir. Eso sí, dada esta circunstancia, elegirá de entre todas las opciones posibles la más rentable, seleccionando hábilmente la tarea cuya ejecución resulte más patente y por tanto estimable a la hora de una posterior consulta electoral. Ciertamente; llegando a dominar las técnicas que hacen posible vender imagen. Aunque a veces, rizando el rizo, se venda hasta lo que no se ha hecho. La independencia es muy difícil en este caso. Más oportuno sería hablar de coherencia respecto a ciertos preceptos, porque a fin de cuentas la independencia de cada cual se agota una vez practicada la opción de elegir algo. A partir de aquí sólo cabe ser coherente.
Penélope y Ulises, ¿quién de los dos era independiente? ¿Y coherente? ¿Quién controlaba a quién? ¿Encargó Ulises a su amada la ejecución de telas para batallar sin angustias, siendo cierto que no estaba inventado el cinturón de castidad? ó ¿Inventó la propia Penélope el truco del teje/desteje para confiar al héroe y tener a mano algún tipo menos héroe pero más ardiente? Quizá ninguno de los dos fue independiente, aunque sí coherentes ambos. Lo más probable es que los dos, dadas las circunstancias, quisieran nadar guardando bien la ropa (interdependientes). Que cada cual venda la imagen del mito como más le convenga pero, eso sí, que la venda bien porque el personal traga lo que le echen con tal de que esté bien echado.

(E y f., agosto 07)

LA PUBLICIDAD




Tengo serias (muy serias) dudas de que la información que se nos hace llegar a través de los medios oportunos sea exactamente la oportuna para los intereses globales. Es decir, para todo el mundo. Por ejemplo, durante los últimos años, precisamente esos durante los cuales las televisiones privadas han conseguido una implantación firme de cara a los beneficios empresariales, sólo una vez que recuerde he tenido información (una encuesta) acerca de la incidencia que tiene la publicidad en los espectadores. Es de suponer que gracias a las campañas publicitarias los productos se venden. La publicidad es, no cabe duda, un gran coste de producción para algunos artículos, tanto que sin ella probablemente no sería posible la venta y el posterior consumo de ellos. Si no, repárese en el gasto tremendo que en publicidad se gastan las operadoras telefónicas. Pero sucede que con esto de la exagerada oferta de canales y la posesión de un endiablado aparatito llamado mando a distancia, la mayoría de los telespectadores se han aficionado y hasta acostumbrado al zapping, de tal modo que durante el periodo de tiempo dedicado a los anuncios publicitarios se aprovecha para dar una vueltecita por otros canales, llegando incluso a desviar la atención al canal previamente solicitado para entregarla a otro programa más sugestivo emitido desde otro canal. Según la encuesta, durante la emisión de publicidad, tan sólo el dos por ciento de los telespectadores permanecen atentos a la pantalla. El resto, noventa y ocho, esto es casi todos, hacen lo que yo: pegarle al zapping. Sin embargo parece que las cosas funcionan en el mundo de la publicidad porque cada vez hay más movimiento.

Sin la publicidad, ya lo he dicho, no hay posibilidad de ventas. Algún producto aglutina en sus costes pocas partidas más. Tómese como ejemplo para la presente reflexión el caso de algunas bebidas cuya fabricación es sumamente sencilla: un mucho de agua, unas pocas sales y un envase sugestivo pero barato que se vende en el mercado a 90 céntimos. Si se analizan los costes, veríamos que los "materiales" de la tal composición apenas alcanzan en su costo tres o cuatro céntimos. Hasta llegar a los 90 del mercado, además de los gastos de distribución, la publicidad se lleva la palma en cuanto dinero. Si resulta cierto que sólo el dos por ciento de la población teleadicta recibe el mensaje, ¿cómo es posible que la televisión siga siendo el medio publicitario por excelencia? Probablemente porque el anunciador mete su spot en todas las cadenas, a todas horas, con la contumacia a que le obliga el mercado y de esta forma tiene la seguridad de que una vez, siquiera una sola vez, habrá de atrapar al zappinero impenitente. Son precisamente los publicistas a los que no les interesa decir o contar que el personal no está por la labor de contemplar anuncios en las televisiones pues esto repercute en la subsiguiente contratación de sus productos, si quedara en evidencia, como presumo, que los anuncios no son vistos por la inmensa mayoría. Por todos los medios intentan (son especialistas) que esto no se sepa. Pero se sabe. Y la publicidad sigue, para que haya consumo.

El consumo es bueno porque (entre otras cosas peores) permite repartir la renta. Si no se consume, no hay ventas. Si no hay ventas, los comercios cierran. Y si los comercios cierran, la gente se va al paro. Hace cuarenta años estaba bien visto declarar la guerra al consumismo: llevaba al hombre a la alienación y aburguesamiento y, sobre todo, el consumo era un invento de los americanos para sacarnos los cuartos a los pobres subdesarrollados. Hoy día el consumo es necesario. Los que nos inducen a consumir se apoyan en la publicidad, de tal suerte que nos arrollan. No me quejo de ello, porque me encanta consumir. Consumir chorradas, cositas innecesarias casi todas, que me hacen feliz. Me gusta comprar en comercios pequeños atendidos por el patrón y uno o dos aprendices. También en el gran comercio venido a menos que se mantiene por tradición, a trancas y barrancas, con esfuerzo y sin perder la esperanza, luchando contra la maldición de las economías de escala. Con publicidad o sin ella, si me ataca o no, rehuyéndola, deseo consumir porque el adecuado consumo es síntoma de que las cosas han de ir mejor. Por todo ello perdono a quienes nos ocultan que la publicidad televisiva no se ve o no se le presta la atención que la inversión producida requiere. Con anuncios o sin ellos, hay que seguir consumiendo. Es mejor para todos, dentro de un orden.

(E y f., agosto 07)

DE BILBAO A GAMBIA, PASANDO POR BARRANDA



Soy uno de esos aficionados al fútbol que se han visto desbordados por la exagerada oferta deportiva que los distintos canales de televisión nos ofrecen cada semana. El fútbol hace tiempo que pasó de ser un espectáculo para convertirse en un auténtico negocio cuyos beneficios alcanzan a unos pocos. Esta cuestión toma especial relevancia en este país nuestro donde el paro es una plaga feroz y el miedo al terrorismo el común denominador de los sentimientos profundos de cada español. No creo que llegado el caso me muestre partidario de aborrecer el fútbol pero algo desengañado sí languidezco. Puesto que las circunstancias me obligan a convivir intensamente con el fútbol, tomo éste como excusa para establecer una cierta reflexión sobre determinado aspecto -hecho diferencial, sin duda- que, al hilo de los desencuentros habidos en Navarra con Euskadi al fondo, vienen a cuento..
En Bilbao siempre han tenido algún que otro problema con la cuestión del RH a la hora de confeccionar la plantilla del legendario Athletic. No precisamente por fichar a un entrenador extranjero, que eso es tradicional a lo largo de la historia del club, sino en lo que se refiere a la opción de contar con determinados jugadores. Bien sabido es que los del Athletic han hecho dogma del prurito y el orgullo de no alinear jugadores que no sean vascos. Tal norma ha sido transgredida en incontables ocasiones, pero eso sí, con justificación subsiguiente. Es decir, aportando datos que, sorteando la regla no escrita y a veces ridiculamente respetada, han dado con la clave para incluir en la plantilla jugadores no nacidos en Euzkadi pero sí residentes. Esto es un truco que ellos mismos se perdonan. Llevados por las circunstancias deportivas, un día decidieron admitir como vascos a los naturales de Navarra (¡nafarroa bai!), lo cual tiene cierta lógica porque los topónimos navarros parecen más vascos que los propios de Euskadi, pero también no deja de ser una trampa a su autoimpuesta normativa. Así Urzáiz, Zabalza, Goicoechea y otros han tenido el orgullo de vestir la camiseta del Athletic. Y como el nivel competitivo se ha pasado de rosca y la norma les perjudica, pues no hay territorio o país sencillamente perfecto, hace ya algunos veranos le estuvieron dando vueltas a un francés con antepasados naturales del sur de Francia, concretamente en lo que se ha dado en llamar el País Vasco francés. No debieron encontrar papeles con datos suficientes porque el pretendido fichaje se diluyó dulcemente y el asunto no cuajó. Al tiempo, en una Asamblea del club, cierto compromisario propuso que la norma racial dejara de aplicarse a partir de la fecha (sin duda el compromisario prefiere triunfos al mero orgullo de ver repleto de paisanos su equipo). Parece que la propuesta fue acogida con división de opininiones de los asambleístas y, aunque la cosa no llegó a mayores, el resultado de la propuesta aún está por ver, aunque lo cierto fue que los dirigentes del club vuelven a la carga (ya lo hicieron, hace unos años con José María) pues vuelven a dar por buena la procedencia de un jugador de Logroño (que ya hubo jugado, tiempo atrás, en el Atlethic) para ser considerado vasco. Se trata de Santi Ezquerro, de Calahorra,, el cual jugador se convirtió en su día en un referente de verdadera importancia de cara a lo que ha de deparar el futuro a los vascos. La justificación transitoria que afecta al no cumplimiento del dogma no puede ir más allá de que el territorio de La Rioja es colindante con el de Euzkadi, lo cual por extensión puede llevar al Athletic a contar con jugadores de Pozo Estrecho o Barranda, si es el caso de que, por esa ley no escrita de crecimiento en mancha de aceite, la razón nacionalista pudiera ampliarse. Claro que para que el de Pozo Estrecho o el de Barranda pudieran alinearse en el equipo de Bilbao, primero haría falta que lo hubieran hecho (por ejemplo) uno de Alcañiz y otro de Casas Ibáñez como mínimo, y por este orden.
Lo mejor para evitar suspicacias en aquellos que no damos demasiada importancia al valor racial del paisanaje es que de esa norma los del Bilbao se olviden (como hizo la Real), aunque esto realmente tenga el "gravísimo" peligro de ver alineados en las filas rojiblancas a un indio del Paraguay o un moreno de Gambia. Hasta ahí podíamos llegar. Pero, atención, el fin justica los medios: cualquier cosa menos bajar a Segunda División, que le ha faltado un pelo.
(Empresa y finanzas, agosto 07)